El llamado a servir en algún ministerio en la casa del Señor es, primeramente, un llamado a apartarse de todo aquello que se toma por normal y aceptable en el mundo.
La esperanza es que la disciplina sacuda a la persona de tal manera que cambie de actitud. La disciplina no es castigo, sino el último paso de un proceso diseñado para salvar al hermano en error.
Tradicionalmente la iglesia ha afirmado que su lucha es contra las tinieblas. Pero, La guerra espiritual, ¿cómo se puede definir exactamente?
En esa vida de continua renovación en el Espíritu, el estudio siempre fresco y creativo de la palabra de Dios debe ser la fuerza renovadora de nuestra vida espiritual y nuestro ministerio.
A la luz de la cruz y de la resurrección de Jesús se descubre una «nueva justicia», una nueva manera de valorar la vida, una nueva manera de tener una «relación justa» con Dios, pero también con los demás, con las cosas creadas y con nosotros mismos.
Rechazar a otros porque son diferentes es una de las actitudes más comunes y vergonzosas del ser humano. Cómo enseñar principios que ayuden a despojar dicha actitud es una tarea fundamental para la formación del carácter.


