Ciertamente, usted no «comete errores» si está citando la Palabra de Dios. Las Escrituras son lo que Dios dice, viva y poderosamente. Cuando sienta que el Espíritu Santo le incita a consolar a otro, ¡hágalo! Ofrezca su consuelo en forma amorosa y con sensibilidad, no con altivez.
Si podemos desarrollar en nuestras vidas la disciplina de «practicar la presencia de Jesús» en cada cosa que hacemos, las otras tareas se nos hacen más fáciles y se va ordenando nuestro enredo...
No es de sorprenderse que los dos reyes se enfrentaran. Ambos poseían un inmenso poder pero la forma cómo decidieron usarlo reveló cuán diferentes eran sus corazones. Uno era un tirano, el otro un siervo. Uno consumido por los intereses personales, el otro enfocado en agradar a su Padre y servir a los demás...
En medio de nuestras ocupaciones ¡qué bueno es gozar del privilegio de hablar con el que todo lo puede! Aunque no siempre resulte fácil, tratemos insistentemente que el conversar con el amado de nuestra alma llegue a ser un deleite incomparable.
¿Se ha preguntado usted como sería vivir en un lugar sin límites, donde no haya un punto o línea divisoria que indique un fin o término para la violencia y la inmoralidad? ¿Cuál es nuestra responsabilidad al tener claro que somos «la sal de la tierra»?
El deseo de agradar a los demás y de no fracasar en el intento mantiene en esclavitud a millones de cristianos y les roba tranquilidad y la oportunidad de vivir la vida a la que han sido llamados. Sin embargo, Cristo ofrece un camino alternativo ...


