Es hora de liberarse de esa esclavitud mental, espiritual, moral y hasta física. Es hora de aceptar que lo único que el cristiano comprometido tuvo que dejar de su vida pasada es el pecado. Las artes, la ciencia, los negocios, la música, la economía, etc., están a su disposición. El autor nos ofrece una acertada reflexión sobre el lugar de la diversión en la vida cristiana.
Frente a la afirmación de que todos los pecados son iguales, muchos no saben cómo actuar frente al pecado sexual de un líder. Frente a esta disyuntiva el autor nos presenta, al menos, tres realidades que apartan al pecado sexual de los otros pecados, y que nos llevan a tratarlo con más seriedad cuando lo descubrimos en la vida de un líder.
Si bien es el Espíritu el que hace factible el que hagamos morir las obras malas, Pablo dice que es algo que nos compete a nosotros también. La misma obra o actividad es, desde un punto de vista obra del Espíritu, y desde otro, obra del hombre. ¿Entonces es nuestra responsabilidad?
Entender la básica desnaturalización de la muerte física, la universalidad de su indistintivo «no» a ella, la identificación de Dios con su respuesta emocional a ella, la supremacía de la vida del alma, y la próxima destrucción de este «último enemigo» no ha causado que las preguntas y la agitación interior del autor se disuelvan en un triunfo doctrinal. El autor nos comparte como ese descubrimiento le ha ayudado a vivir frente a la expectativa de la muerte.
El año 2000 se celebraron los trescientos años del nacimiento de un hombre cuyo ministerio Dios ha usado grandemente en vida y hasta el día de hoy.
El arte de componer proverbios era conocido de los antiguos antes de que Salomón escribiera los suyos. Buena parte de las enseñanzas de Jesús está expresada en forma proverbial.


