¿Por qué en la mayoría de nuestra literatura cristiana, el tema de la buenas obras está tan ausente? ¿Por qué en algunos con solo mencionarlo les produce nerviosismo? Todo el Nuevo Testamente avala la sentencia categórica de Santiago, «la fe, si no tiene obras, está completamente muerta». Esta es una breve reflexión para animar al pueblo de Dios a responder a su llamado de andar en buenas obras.
A través de la historia, docenas de pilotos y pasajeros han perdido su vida por entrar en lo que se llama «la espiral de la muerte». No sólo han sido pilotos novatos, sino algunos con cientos de horas de vuelo. Todos han luchado con la decisión de obedecer a los instrumentos o a los sentimientos. Cada uno que murió creía que su caso se trataba de una excepción y que se justificaba desobedecer la regla. Una excelente reflexión que hace una analogía entre el dejarse dirigir por los instrumentos y el dejarse dirigir por los mandamientos y principios bíblicos.
Testigos humildes de la verdad, pobres, despreciados, abandonados, cuyos clamores por misericordia llegaban en vano a los oídos de los hombres: ¡más bien se sofocaban en la sangre de los muertos y el humo de los sacrificios! Empero, estas murallas rocosas mostraron mayor misericordia, pues oyeron sus suspiros y los guardaron en sus senos, y fue así que aquellos clamores de sufrimiento vivieron allí atesorados y grabados en la roca para siempre. Este artículo es el octavo de la serie continuada basada en el libro El mártir de las catacumbas, de autor anónimo. La historia original de esta serie fue publicada hace muchísimos años.
Actualmente la iglesia evangélica latinoamericana juega intencionadamente un papel en la política. El autor interpreta que es el crecimiento numérico de la iglesia el que ha contribuído a la participación política del pueblo evangélico, pero lamentablemente este crecimiento no ha significado un énfasis de fe y de vida de la iglesia. Las experiencias política-iglesia en latinoamérica han sido desfavorables, esto por falta de preparación responsable de aquellos que representan a la iglesia. Por lo cual urge establecer criterios para reivindicar la participación del pueblo evangélico en la política latinoamericana.
Tener alguien en quien podemos realmente confiar nos da seguridad, pero ¡qué triste es cuando no se cuenta con nadie en quien poner nuestra confianza! Pero si conociéramos realmente a Dios, entonces sabríamos por experiencia cuánto podemos confiar en él. Conoceríamos a alguien en quien realmente sí podemos confiar a ciegas.
Es más fácil hacer la guerra contra otros que ganar la guerra contra uno mismo. A fin de ayudarnos a reflexionar sobre el tema de la conquista del pecado en uno mismo, el autor nos comparte varios dichos de sabios sobre el asunto,


