Hace dos meses, los evangélicos argentinos fuimos sorprendidos por la portada de una publicación colega, la que se refería
Manifestaciones contemporáneas de aquellos "viejos odres" que congelaban la vida espiritual.
Bueno, ¿por qué orar a quien, teniendo en su mano todo el poder, permite que el dolor y el sufrimiento nos afecten tanto? ¿Cómo debemos enfrentar las situaciones de tragedia sin perder nuestra confianza en Dios?
Para la mayoría de cristianos la relación entre lo que entiende de la oración y su experiencia de ella tiene una marcada disonancia. El autor del artículo nos comparte sus reflexiones sobre esta disciplina en conceptos básicos. Él afirma que de haberlos incorporado hace mucho tiempo, su vida hubiera sido menos estresante y más productiva.
Muchos han comentado que la selva contiene una cierta atracción magnética que es fatal. Aún aquellos que logran escapar intentan volver, atraídos por la terrible fascinación ejercida por las sombras de su vegetación. ¿No es similar a la atracción magnética y fatal de las pasiones, la sensualidad y los vicios? El placer del pecado nos lleva a vivir atrapados por la sombra de una enredadera que lentamente apaga el aliento de vida y cualquier elemento de valor. Cuando uno se da cuenta de lo que ha ocurrido, muchas veces descubre que la oportunidad de arrepentirse ya ha pasado.
«En una era de vanidades y juguetes» y de pensamiento subjetivo prevaleciente en un clima utilitario, luchar en el sentido espiritual no se menciona en la lista de actividades de muchas iglesias. ¿Será que esta actitud está provocando que le cedamos terreno al enemigo?


