La experiencia nos ha enseñado que un espíritu tolerante y apacible es un elemento esencial para poder vivir pacíficamente con nuestros semejantes. A continuación transcribimos un decálogo cuyas ideas nos ayudarán a mantener buenas relaciones con las personas que encontremos en el camino de la vida.
Estamos inmiscuidos en una carrera de productividad que poco a poco va lacerando lo más importante de la vida cristiana. Dios está mucho más interesado en la persona que estamos llegando a SER que en las cosas que hacemos. Y ¿usted? ¿En qué está más interesado?
Usando casos bíblicos y de la vida real, la autora da algunas directrices para manejarnos en la crítica de tal forma que esta resulte de edificación.
La obra del Espíritu en el corazón humano no es mecánica ni automática. La voluntad y la inteligencia humanas deben cooperar con las buenas intenciones de Dios. Sin embargo, nuestra tendencia se caracteriza por el desequilibrio religioso. ¿Está usted espiritualmente equilibrado?
El ardor de la polémica en torno a la justificación por la fe durante los años en que surgió la Reforma produjo algunos escritos y puntos de vista extremos cuyo eco ha persistido hasta nuestros días. La comprensión de los creyentes sobre lo que Dios piensa de las buenas obras se vio enturbiada por dichas posiciones extremas. ¿Qué es lo que realmente la Palabra revela?
Todos tendemos a no estar vigilantes en la rutina. Y si vivimos por un tiempo semejante rutina, entonces inevitablemente nos aburrimos y con frecuencia nos descorazonamos porque, sencillamente, la rutina nos «derriba». Pero si los principios bíblicos de la vida espiritual operan de algún modo, con certeza ha de verse en las cosas rutinarias de la vida y ha de verse continuamente.


