Habacuc vivió hace miles de años; sin embargo, sus angustias y temores no son diferentes a los que puede experimentar un creyente actual. Este artículo analiza la actitud que el profeta Habacuc asumió en una oración que elevó al Señor. Esta oración encierra enseñanzas muy valiosas que pueden ayudarnos a examinar nuestras dificultades desde una perspectiva espiritual para así actuar como verdaderos hijos de Dios. Habacuc 3.12
El reconocido autor nos ayuda a descubrir un aspecto poco conocido en los mandamientos Dios entregó a su pueblo. Su revelación deja al descubierto el origen de toda buena obra. En la actualidad, la pregunta que muchos se hacen no es «¿existe Dios?», sino «¿qué clase de Dios es el que existe?»...
Se sentía paralizada, separada, no como ella suponía que debía sentirse una madre. Entonces, sobrecogida por un dolor que no podía descifrar, se estremeció con sollozos desencajados.Transitó a través de una oleada de emociones, dependiendo de la seria condición de su bebé minuto a minuto. Esperanzas momentáneas morían tan pronto como aparecían.
¿Por qué en la mayoría de nuestra literatura cristiana, el tema de la buenas obras está tan ausente? ¿Por qué en algunos con solo mencionarlo les produce nerviosismo? Todo el Nuevo Testamente avala la sentencia categórica de Santiago, «la fe, si no tiene obras, está completamente muerta». Esta es una breve reflexión para animar al pueblo de Dios a responder a su llamado de andar en buenas obras.
A través de la historia, docenas de pilotos y pasajeros han perdido su vida por entrar en lo que se llama «la espiral de la muerte». No sólo han sido pilotos novatos, sino algunos con cientos de horas de vuelo. Todos han luchado con la decisión de obedecer a los instrumentos o a los sentimientos. Cada uno que murió creía que su caso se trataba de una excepción y que se justificaba desobedecer la regla. Una excelente reflexión que hace una analogía entre el dejarse dirigir por los instrumentos y el dejarse dirigir por los mandamientos y principios bíblicos.
Testigos humildes de la verdad, pobres, despreciados, abandonados, cuyos clamores por misericordia llegaban en vano a los oídos de los hombres: ¡más bien se sofocaban en la sangre de los muertos y el humo de los sacrificios! Empero, estas murallas rocosas mostraron mayor misericordia, pues oyeron sus suspiros y los guardaron en sus senos, y fue así que aquellos clamores de sufrimiento vivieron allí atesorados y grabados en la roca para siempre. Este artículo es el octavo de la serie continuada basada en el libro El mártir de las catacumbas, de autor anónimo. La historia original de esta serie fue publicada hace muchísimos años.


