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Vida Cristiana

Cómo evitar serios errores

15 julio, 2009501 visitas

Hay áreas del pensamiento cristiano, y por causa del pensamiento, también de la vida cristiana, donde semejanza y diferencia son tan difíciles de distinguir que a menudo es difícil escapar a un completo engaño. A través de todo el mundo el error y la verdad van por los mismos caminos, trabajan en los mismos campos y fábricas, asisten a las mismas iglesias, vuelan en los mismos aviones y compran en los mismos negocios. Y tan habilidoso es el error para imitar a la verdad, que continuamente estamos confundiendo uno con otro. Se necesita tener un ojo muy agudo en nuestros días para distinguir quién es Caín y quién es Abel.
Nunca debemos dar por concedida cualquier cosa que toque nuestra alma. Isaac palpó los brazos de Jacob y pensó que eran los de Esaú. Aun los discípulos de Jesús fallaron en descubrir al traidor entre ellos; el único que sabía quién era él, era Judas mismo.
A pesar de las dificultades que se encuentran cuando se ora, la oración es un medio poderoso y efectivo para ponerse bien con Dios.
Ese compañero de suave hablar, con quien andamos tan confortablemente, y con cuya compañía experimentamos verdadero deleite, puede ser un mensajero de Satanás, mientras ese hombre áspero y rudo, de franco hablar, a quien rehuimos, puede ser un verdadero profeta de Dios que nos fue enviado para advertirnos de serio peligro y pérdida eterna. Por lo tanto es críticamente importante que el cristiano aproveche toda provisión que Dios ha hecho para salvarlo del engaño. Y esta provisión es la oración, la fe, la meditación continua de las Escrituras, la obediencia, la humildad, el pensamiento serio y arduo y la iluminación del Espíritu Santo.

1. La oración
La oración no es una protección segura contra el error, porque hay muchas clases de oración, y algunas son peor que inútiles. Los profetas de Baal saltaron sobre el altar en un frenesí de oración, pero sus gritos no fueron oídos precisamente porque estaban dirigidos a un dios que no existe. El Dios a quien oraron los fariseos sí existía, pero no escuchó sus oraciones a causa de su orgullo y justicia propia. De ellos podemos nosotros aprender una provechosa lección.
A pesar de las dificultades que se encuentran cuando se ora, la oración es un medio poderoso y efectivo para ponerse bien con Dios, permanecer en la verdad y librarse de todo error. «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche» (Santiago 1.5). Siendo todas las cosas igual, el hombre que ora tiene mucha menos probabilidad de pensar erradamente que el hombre que no ora. «Y les enseñó una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar» (Lc. 18.1).

2. La fe
Pero cuando hablamos de fe tenemos que explicar qué queremos decir. Fe no es optimismo, aunque la fe produce optimismo. No es jovialidad, aunque se supone que el hombre de fe debe ser razonablemente jovial. No es un vago sentimiento de sentirse humano. Fe es confianza en la revelación que Dios ha hecho de Sí mismo en las Escrituras.El apóstol Pablo dice que la fe es un escudo. El hombre de fe puede caminar seguro, protegido por su simple fe en Dios. A Dios le gusta que confiemos en Él, y Él pone todos los recursos del cielo a disposición del alma creyente.
Para estar completamente libre de todas las argucias de Satanás el hombre de Dios debe ser completamente obediente a la Palabra de Dios.

3. Meditación continua de las Escrituras
«La fe es por oír, y el oír, por la palabra de Dios». Las Escrituras purifican, instruyen, fortalecen, iluminan e informan. El hombre bendecido debe meditar en ellas de día y de noche. 

4. Obediencia
Para estar completamente libre de todas las argucias de Satanás el hombre de Dios debe ser completamente obediente a la Palabra de Dios. El hombre que maneja un auto por las calles no está seguro cuando lee las señales, sino cuando las obedece. Lo mismo pasa con la Biblia. Para que ella sea efectiva, tiene que ser obedecida.

5. Humildad
También hay una estrecha relación entre la humildad y la recepción de la verdad. «Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera» (Sal. 25.9). En la Biblia no encuentro ni un poco de estimulación para el orgulloso. Sólo las ovejas dóciles pueden ser guiadas; sólo los creyentes humildes pueden esperar la tierna dirección del Padre celestial. Cuando se reúna toda la evidencia puede ser que se descubra que sólo los orgullosos se apartaron de la verdad; y que detrás de cada herejía que ha dañado la iglesia se encuentre la autosuficiencia.

6. Pensamiento serio y arduo
También debemos pensar. El pensamiento humano tiene sus limitaciones, pero donde no se piensa, seguro que no habrá algún gran depósito de verdad en la mente. Los evangélicos parecen estar divididos actualmente en dos grupos: los que piensan que el intelecto humano es todo intelecto y caen en un puro racionalismo, y los que tienen miedo de todo intelecto y creen que pensar es una pérdida de tiempo en la vida cristiana.
Por cierto que ambos grupos están equivocados. El intelectualismo auto consciente es ofensivo para el hombre y, estoy convencido de ello, malo también para Dios. Pero es significativo que toda revelación importante en las Escrituras ha sido dada a hombres de intelecto superior. Sería fácil poner aquí una larga lista de textos bíblicos que nos invitan a pensar, pero un argumento más convincente es el tenor de toda la Biblia. La Biblia da por concedido que todos los verdaderos hijos de Dios serán personas de mente seria, hombres y mujeres reflexivos. Nunca jamás la Biblia da a entender que sea pecado pensar.

7. Iluminación del Espíritu Santo
Pero el pensamiento apartado de la iluminación interior por el Espíritu Santo, no sólo es inútil, también es peligroso. El intelecto humano está caído, y no puede hallar el camino entre la gran expansión de tantas verdades, medias verdades y manifiestos errores que lo puede hallar un barco en el mar a solas. Dios nos ha dado el Espíritu Santo para iluminar nuestras mentes. Él es ojos y entendimiento para nosotros. No debemos procurar alcanzar la verdad sin Él.

Los Temas de Apuntes Pastorales, volumen III, número 6.

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