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Consejeria

¿Consejero y profeta?

15 julio, 2005680 visitas


¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: ¡Tu Dios Reina! Isaías 52.7



Una de las principales funciones de los profetas del Antiguo Testamento era transmitir al pueblo el consejo de Dios, hacerlo inteligible, accesible y comprensible a la realidad de los oyentes. Hoy, el pueblo de Dios sigue necesitando hombres y mujeres que, al igual que dichos profetas, compartan el consejo de Dios; por tanto, los consejeros -sean laicos, pastores o profesionales- tienen el privilegio pero también la responsabilidad de hacerlo adecuadamente. De allí la importancia de que la iglesia cuente con personas capaces de ejercer el ministerio de la consejería, pero con un profundo conocimiento de todo el consejo de Dios (la Palabra y su aplicación a la vida); en otras palabras, se requieren individuos que traigan la paz, las alegres nuevas.



Muchos de los que hemos brindado consejo, sea este al pueblo de Dios o a los no creyentes, sabemos que nuestros semejantes normalmente buscan:





  1. Confirmar lo que piensan o desean hacer. Esta experiencia la tuvo el profeta Jeremías cuando el pueblo de Israel le pidió que consultara a Jehová para hacer lo que el profeta les dijera, mas en el momento de recibir el mensaje hicieron lo que ellos quisieron (Jer 42-44).


  2. Buscar claridad en su situación o problema. Con un corazón sensible y una actitud más abierta, vienen porque están dispuestos a analizar las diferentes opciones y a tomar la responsabilidad por alguna de ellas. En ellos consta además que no es el consejero quien toma la decisión sobre la solución al problema sino ellos los responsables ante las opciones que en cuentan junto con el consejero.


Normalmente esperamos que el pastor tenga la habilidad o el don de aconsejar, y en realidad esto es indispensable. Sin embargo, para cumplir con esta tarea el pastor también debe prepararse responsablemente en el estudio del ser humano, su comportamiento y la cultura del pueblo al cual sirve. No obstante, debe reconocerse que algunos pastores no son tan diestros en su ministerio de consejería, mas esto no es un pecado. También es fundamental considerar que otros no dan a basto por la cantidad de aconsejados, y por eso resulta indispensable tener colaboradores en este ministerio, a quienes se capacite (con cursos, seminarios y conversaciones, entre otros) para que logren «anunciar la paz y alegres nuevas».



No estoy promoviendo que el consejo cristiano sea siempre una «sonrisa» y un «todo va bien». De acuerdo con el Nuevo Testamento es esencial la edificación, amonestación y exhortación (1 Co 14.3). Pero aun en esos casos, si el consejo viene de Dios, podremos sentirnos satisfechos y el aconsejado saldrá con una dirección de parte del Señor, aunque no haya sonrisas al finalizar la sesión de consejería.



La consejería cristiana se diferencia de la secular porque «anuncia salvación», es cristocéntrica y ayuda a la persona a volver a Cristo y a amarrarse a Él como base para una vida que agrade al Señor. Por ese motivo, no debe dejarse de lado la oración. De igual modo, es básico recordar lo trascendente de dedicarnos a anunciar el reinado de Dios, sin importar la situación que aqueje al aconsejado; siempre se ha de reconocer que Dios reina pues esto es una voz y un llamado a la esperanza, ya que nos recuerdan que los problemas están en las mejores manos y tienen respuesta. Cuando afirmamos que Dios reina, estamos afirmando que reina también en los consejeros y por eso, en ningún momento se experimentará un sentimiento de ser «señores» de la vida de los aconsejados, error que hemos visto repetidas veces en la experiencia de la iglesia.



El dar consejo al pueblo de Dios y a los que no son creyentes es un privilegio que no sólo se debe agradecer al Señor, sino que también se debe tomar con mucha responsabilidad. Es menester anunciar la paz, la salvación, y afirmar que Dios reina a pesar de la situación. Por tanto, los consejeros tienen una labor profética al dar el consejo de Dios basados en la Escrituras con la dirección del Espíritu Santo, sin sentirse dueños de los aconsejados ni pretender manipularlos.



¡Adelante los que ejercemos este ministerio. Hagámoslo para la gloria de Dios!

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Paz en el alma

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