Dando recibimos
Desde que tengo memoria he ido a juegos profesionales de béisbol e intento conseguir un souvenir: una bola de «foul», un jonrón o incluso una pelota de prácticas de bateo
cualquier cosa. Me encontraba en las prácticas de bateo de los Cardenales de St. Louis, y mientras veía a Mark McGwire y a sus compañeros de equipo observe que un niño de cinco años también trataba de obtener una pelota.
Su nombre era James, y se esforzaba por pronunciar los nombres de los jugadores mientras educadamente pedía una pelota: «Sr. Timwin (Timlin), ¿me podría dar una pelota, por favor?» Cuando vine a ver, mi misión se convirtió en conseguir una bola para James. Durante casi veinte minutos le fui diciendo al muchacho el nombre de los jugadores que mandaban una pelota cerca de la valla detrás de la cual estábamos. Los jugadores volvían la mirada y reían cuando James trataba de pronunciar sus nombres. Sin embargo, ninguna bola.
Finalmente le dije a James que si yo atrapaba una pelota se la daría (durante casi veintiocho años había tratado infructuosamente de atrapar una, así que eso parecía una falsa promesa). Yo no estaría contando esta historia si usted no intuyera lo que sucedió cinco minutos después. Atrapé una pelota, y se la di a James.
Me pregunto ¿cuán a menudo Dios quiere darnos algo y solo lo hace cuando estamos dispuestos a renunciar a ello?


