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Consejeria

«Dejad a los niños …y no se lo impidáis»

15 julio, 20051395 visitas

Que los hijos comiencen a «ejercer de adultos», tomen decisiones importantes sobre sus vidas y quieran casarse no es algo que pasa tan livianamente por las vidas de sus padres.


Por años fueron ellos quienes velaban por la mejor alimentación, el abrigo apropiado y la educación necesaria para que estos hombres y mujeres en formación pudiesen avanzar exitosamente en sus vidas. Y de un día para otro —aunque en realidad ocurre en un tiempo más prolongado— ellos comienzan a pensar distinto acerca de ellos mismos, sobre su futuro y sus ambiciones.


Los hijos no necesitan padres indulgentes que los dejen hacer todo lo que quieran, sino padres que les demuestren cómo enfrentar y resolver problemas; padres que les enseñen a ser buenos esposos y esposas, y a relacionarse exitosamente con otras personas.


Si ustedes son padres, su meta debe ser preparar a sus hijos para que los dejen, no para que se queden. La vida de ustedes no debe girar alrededor de ellos, sobreprotegiéndolos de todo, porque esto los transformará en inválidos emocionales, a la vez que no los preparará en forma apropiada para el mundo en que deberán vivir.


Pero no es sólo prepararlos a ellos; ustedes, por su parte, deben prepararse a sí mismos para el día en que sus hijos se vayan. Eso se logra cultivando intereses comunes, aprendiendo a hacer cosas juntos, y profundizando la amistad entre ustedes dos.


Cuando llegue el momento en que sus hijos quieran casarse, no deben procurar organizar las vidas de ellos. Deben permitir que el joven marido sea la cabeza de su casa, que tome él mismo las decisiones, que considere a su esposa y no a ustedes como su responsabilidad primaria y su ayuda. Deben alentar a su hija a depender de su esposo y no de ustedes en cuanto a dirección, ayuda, compañerismo y afecto.



© Apuntes Pastorales, 1991. Los Temas de Apuntes Pastorales. Volumen 1, número 2

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