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Reflexión

Cinco panes y dos peces

3 enero, 2013Desarrollo Cristiano1961 visitas
Nahum 6:30-44

Los discípulos no habían entendido cómo resolver el desafío que Cristo les presentaba: alimentar a la multitud. Su mejor idea había sido la de bajar a las aldeas y comprar pan por el valor de doscientos denarios. Esto, sin embargo, no es lo que Cristo tenía en mente para resolver la situación. «Él les preguntó: “¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.” Y al saberlo, dijeron: “Cinco, y dos peces”» (Mr 6.38).En América Latina nos falta aún un largo camino por recorrer antes de que tengamos, como iglesia, un serio compromiso con la obra misionera. Seguramente que usted ha escuchado muchas predicaciones y enseñanzas acerca de este pasaje. Quizás usted mismo haya, en alguna ocasión, disertado sobre el tema. El principio que presenta el pasaje vale la pena que volvamos a él una y otra vez, pues define la forma en que Dios avanza en los proyectos del reino. El principio podría enunciarse de la siguiente manera: Cuando se colocan escasos recursos en las manos de un Dios todopoderoso, se convierten en abundancia. La alimentación de los cinco mil nos presenta la mejor ilustración de cómo funciona esto en la práctica.
No obstante la sencillez del principio, es difícil traducirlo a otras esferas del ministerio. Vemos claramente cómo funcionó en el caso de los cinco panes y dos peces, pero no percibimos cómo podría funcionar en nuestro entorno. Permítame darle un ejemplo. En América Latina nos falta aún un largo camino por recorrer antes de que tengamos, como iglesia, un serio compromiso con la obra misionera. No es que no deseemos estar involucrados. Muchos pastores y líderes han entendido que este es un compromiso del cual la iglesia no se puede desentender. No obstante, a la hora de enviar misioneros y asumir el compromiso de proveer para sus necesidades, la iglesia aduce falta de recursos. «Quisiéramos aportar dinero para el sustento de un misionero me dicen muchos pastores, pero la verdad es que no tenemos siquiera para nuestras propias necesidades».
¿No es esto una réplica exacta de la realidad que enfrentaba a los discípulos? Querían proveer para la alimentación de los cinco mil, pero la verdad es que no tenían ni siquiera para sus propias necesidades.
Quisiera recordarle con qué criterio opera el uso de recursos en el reino de los cielos. Un árbol gigante comienza con algo tan pequeño que casi no se le ve, una semilla de mostaza. En uno de los pasajes claves para entender el uso de finanzas, 2 Corintios 8 y 9, Pablo claramente expone los principios que gobiernan el uso de los recursos monetarios en le iglesia. Los que dan para los proyectos del reino lo hacen al estilo de la iglesia de Macedonia, que en medio de «grandes tribulaciones con que han sido probados, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad». Tome nota de los recursos que tenían para compartir: ¡una situación de profunda pobreza!
Podríamos decir, entonces, que no es verdad que la iglesia no da porque no tiene. En realidad, la iglesia no tiene porque no da. Lo poco solamente se convierte en abundancia cuando es regalado en un espíritu de gozosa generosidad. ¿Cómo procedió Jesús? ¿Cómo actuaron los discípulos?
Ahora, Imagine, por un instante, que usted no sabe cómo va a terminar esta historia. Está un poco confundido, porque Jesús le dijo que usted le diera de comer a la multitud. No entendió bien a qué se refería. Cuando preguntó por las provisiones que tenían, usted le dijo que había dos peces y cinco panes. Ahora, Cristo le «mandó que haga que todos se recuesten por grupos sobre la hierba verde». Usted sabe que esto es para que la gente pueda comer, ¡pero sigue sin saber de donde van a sacar la comida para ellos!
Quizás usted logra captar, en todo esto, algo de lo que significa vivir por obediencia. No es un asunto fácil para los que nos gusta analizar y entender qué está ocurriendo a nuestro alrededor. Tampoco es algo sencillo para los que aman pasar desapercibidos. Los discípulos no podían más que seguir confundidos con las instrucciones de Jesús. El pasaje no indica que él haya explicado cuál era su intención. ¡Con cinco panes y dos peces en la mano, dio instrucciones para que la gente fuera acomodada para un banquete! No podemos robarle a los discípulos el mérito de haber llevado a cabo las directivas del Mesías, pero… qué duro debe haber sido para ellos.Dios puede realizar una tremenda obra por medio de nosotros si solamente nos disponemos a seguir sus directivas. Así es la vida del que decide obedecer. En la mayoría de las situaciones no tendrá idea de por qué Dios le está pidiendo que lleve a cabo lo que tiene que hacer. Si se detiene a pensar, por un instante, en las instrucciones recibidas, de seguro que no las obedecerá. Es que sus directivas simplemente no tienen lógica. Al Señor no le importa que entendamos o no lo que nos está pidiendo. Pero sí constituye un asunto de vida o muerte nuestra decisión de obedecer o no lo que nos ha ordenado.
Por esta razón, entonces, «se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. Entonces tomó los cinco panes y los dos peces y, levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes y dio a sus discípulos para que los pusieran delante; también repartió los dos peces entre todos. Comieron todos y se saciaron».
Nos faltan los detalles de cómo aconteció el milagro, quizás porque a los escritores de los evangelios no les interesaba que nos quedáramos con el milagro. Esta es una tendencia que persiste entre nosotros, el de concentrarnos en el milagro y perder de vista al Dios que ha obrado por medio del milagro. El milagro muchas veces puede distraernos. De todos modos, no se nos explica cómo multiplicó Jesús el alimento. Solamente sabemos que los discípulos salieron a repartirlo y la comida no se terminaba.
Quisiera que nos quede claro que Dios puede realizar una tremenda obra por medio de nosotros si solamente nos disponemos a seguir sus directivas. No necesita de nuestros talentos, ni de nuestros recursos. Solamente requiere de un pueblo dispuesto a hacer su voluntad. Lo demás, literalmente todo lo demás  lo añade él. No obstante, por el misterio de su voluntad, decide incluirnos en sus proyectos. ¡Qué privilegio el nuestro!
¿Cómo concluyó esta fiesta? ¿Qué lecciones le quedan a usted, para su propia vida y ministerio?

Producido y editado por Desarrollo Cristiano Internacional para DesarrolloCristiano.com. Copyright ©2003-2009 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados.

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