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Dignidad

22 septiembre, 2013Desarrollo Cristiano1672 visitas
Habacuc 7:1-10

Lo invito a que haga suya esta oración: «Señor, te damos tantas gracias por los hombres que decidieron preservar para nosotros, en los evangelios, el relato de tu paso por esta tierra. ¡Cuánto tesoro encontramos aquí para nuestra vida! Gracias, también, porque nos has dado la posibilidad de meditar en el texto, sentados a tus pies, abriendo nuestros ojos a la realidad del reino. Bendecimos tu precioso nombre. Amén.»

Tome un momento para leer el texto de Lucas 7.1-10. Como siempre, lo animo a que intente captar los detalles del encuentro. Busque, por medio de la acción del Espíritu, participar en este encuentro entre Jesús y los enviados del centurión.

De la lectura del texto se desprenden algunas observaciones interesantes. En primer lugar notamos que este centurión era un hombre poco común. A pesar de ser oficial en el ejército más poderoso de la tierra, probablemente veterano de una cuantas campañas militares, vemos que era un hombre de buen corazón, sabio para con el pueblo. Cuando creamos situaciones donde revelamos verdadera dependencia de los demás se forjan relaciones realmente profundas. El esclavo que era de su pertenencia puede haber sido algún prisionero de guerra. Eran personas sin derecho alguno a nada. No gozaban del amparo de la ley o la protección de ninguna institución. Sus dueños podían disponer de sus vidas como quisieran. No obstante, este centurión amaba mucho a su siervo y se encontraba angustiado por la enfermedad que amenazaba con ponerle fin a su vida.

En segundo lugar, este hombre no desconocía el rencor y el odio que despierta en un pueblo el vivir bajo la ocupación de un enemigo. En consecuencia había tomado los pasos necesarios para ganarse el corazón de la gente, atendiendo sus necesidades y edificando para ellos una sinagoga. Aun no estando él presente, ellos dieron testimonio de que era una persona digna de ser ayudada. Esto nos da una importante pista acerca del buen nombre que tenía, un nombre que se ganó por medio de obras concretas. Como líderes debemos recordar que estamos bajo la mirada permanente de los que están a nuestro alrededor. El testimonio más real de nuestra vida se verá en los comentarios que hacen de nosotros cuando no estamos presentes. Pone sobre nosotros el peso de actuar de tal manera que otros hablen bien de nosotros y defiendan nuestra causa ante terceros. Esta lealtad se obtiene cuando vivimos genuinamente enamorados de las personas que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado.

Por último, quisiera resaltar que el centurión «envió unos ancianos de los judíos» para que presentaran su pedido. Esto delata verdadera sensibilidad, pues pudiendo él bien ordenar que se atendieran su pedido, escogió ubicarse en el papel de necesitado. Cuando creamos situaciones donde revelamos verdadera dependencia de los demás se forjan relaciones realmente profundas. Como pastores debemos saber cuándo es hora de sacarnos el «saco de pastor» y ubicarnos en el lugar donde otros pueden servirnos y ministrar a nuestras necesidades. Esto no solamente es bueno para nosotros, sino también para ellos.

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