Enemigo poco temible

Marcos 5:1-20
El relato del endemoniado de Gadara arroja varias observaciones interesantes acerca del ministerio de Cristo. En primer lugar, notamos que un período extendido de sufrimiento y tormento terminó en unos pocos instantes. Las personas de la zona «muchas veces» habían intentado sujetar al hombre, pero sin éxito. Mas en el encuentro que tuvo con Cristo fue libertado en apenas unos minutos. Esta diferencia de tiempos pone de manifiesto lo ineficiente que son los tratamientos que el hombre propone para resolver los problemas más profundos del ser humano.
En este conjunto de metodologías poco eficaces debemos también ubicar un alto porcentaje del tratamiento que propone la psicología. No dudamos que la psicología a aportado importantes herramientas para el trabajo con personas, pero en muchos casos su propuesta ha sido sumergir al paciente en una interminable terapia. El tratamiento consiste más en ayudar a la persona a convivir con su «enfermedad» que en aportar una solución definitiva.Nuestra comprensión del mundo espiritual y todo lo que sucede en él es muy limitada. En algunos casos estos tratamientos han persistido durante años y, a veces, décadas. Esta debilidad no se limita a la psicología sino, también, a los mejores esfuerzos del hombre. La verdad es que no tenemos herramientas para producir la profunda y dramática transformación que necesita el ser humano.
En segundo lugar, en una lectura rápida del pasaje saltan palabras y frases que ponen en relieve cuán poco poder tiene el enemigo. El relato nos dice que el endemoniado «se arrodilló ante él»; que le rogó no ser «atormentado»; que «rogaba con mucha insistencia» no ser enviado fuera de la región y que Jesús, atendiendo su pedido, «les dio permiso» para que entraran en la piara de cerdos. Es decir, vemos a un enemigo sumiso y humillado, inclinándose delante del Hijo de Dios y solicitando permiso para hacer lo que tiene que hacer.
Este cuadro dista mucho de la imagen que frecuentemente tenemos del enemigo. Lo imaginamos temible y feroz, esperando agazapado para sacar ventaja de cualquier situación que se preste para sus oscuras maquinaciones. Mas el pasaje nos lo presenta como realmente es: un siervo involuntario del Altísimo. Literalmente no puede hacer nada sin la debida autorización de Dios. El que reina soberano sobre todas las cosas es el Alto y Sublime, Jehová de los Ejércitos, y ¡nosotros somos su pueblo! Estamos del lado del vencedor. Esto debería llevarnos a caminar confiados, con la frente en alto.
Desconocemos las razones por las cuales los demonios entraron a los cerdos, ni por qué no querían salir de la región. La verdad es que nuestra comprensión del mundo espiritual y todo lo que sucede en él es muy limitada. Nos basta con saber que tenemos acceso a un Dios que sí entiende todo lo que ocurre en ese oscuro ámbito. A la sombra de sus alas, podremos habitar seguros.
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