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Reflexión

Intimidad Divina

8 septiembre, 2013Desarrollo Cristiano1561 visitas
Miqueas 11:23-30

Jesús añade, como corolario a la exclamación, una descripción de la clase de relación que sostiene con el Padre: «Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.» (Mt 11.27) Es precisamente por la naturaleza de esta relación que los métodos «normales» de este mundo no sirven para conocer mejor a Dios. Lo invito a examinar los elementos que se destacan.

Primeramente, notamos la absoluta confianza que el Padre tiene en el Hijo. Jesús declara que el Padre ha entregado todas las cosas en sus manos. Cuando leo esto, pienso en los miles de dueños de compañías importantes que siguen controlando (y humillando) a sus hijos luego de que estos han asumido el mando de la empresa. Puede ser que el hijo haya cumplido sesenta años y que es poseedor de una vasta experiencia en el mundo de los negocios. No obstante, el Padre que construyó la compañía de la nada, sigue controlando y estorbando el trabajo del hijo. ¿Cuál es el problema aquí? ¿Acaso el hijo no posee las aptitudes para estar al frente de la organización? ¡Claro que sí! La dificultad no radica en el hijo, sino en el padre. Es una persona que simplemente no sabe confiar en los demás. No cree que existan en la tierra otras personas que puedan hacer mejor las cosas que él mismo.
Es importante que nosotros entendamos que la confianza es, esencialmente, una decisión espiritual.Muchos pastores y líderes de ministerios manejan de igual manera los asuntos del reino.

Qué diferente la actitud del Padre Celestial, el cual entregó todo en manos de su Hijo, porque confiaba absolutamente en él. Hizo pública esta confianza cuando expresó, en el bautismo, su satisfacción con Jesús. Es importante que nosotros entendamos que la confianza es, esencialmente, una decisión espiritual. Yo escojo otorgarle confianza a otro, lo merezca o no. Es una manera de bendecir a los que están a nuestro alrededor.

Jesús reveló, además, que compartía con su Padre una relación de absoluta intimidad. Uso la palabra «intimidad» porque me refiero a un conocimiento profundo que incluye el acceso a aspectos secretos de la otra persona. Este no es un conocimiento que resulta de la erudición, ni tampoco de simplemente convivir con el otro. Muchos matrimonios, por ejemplo, no poseen esta clase de intimidad; comparten una misma casa y una misma vida, pero no han cultivado la relación más allá de los superficial.

Lo maravilloso es que Dios desea darnos acceso a esta intimidad. Cristo aclara, sin embargo, que no tenemos a nuestro alcance las herramientas ni los elementos necesarios para conocerlo a él. Es decir, solo podemos conocer al Padre ¡por pura gracia! Cristo es quien puede mostrarlo, y él se lo revela a aquellos que, como ya vimos ayer, tienen un espíritu sencillo, como el de un niño. Si asumimos la actitud correcta, el Hijo nos revelará al Padre.

Lea el resto del pasaje:
– ¿Por qué extiende Jesús esta invitación?
– ¿En qué se relaciona con lo que ha dicho antes?
– ¿Qué actitud necesitamos para ir a él?

Producido y editado por Desarrollo Cristiano Internacional para DesarrolloCristiano.com. Copyright ©2010 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados.

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