Ante las decisiones Divinas lo único que nos queda por hacer es guardar silencio.
Poseer la convicción de que estamos trabajando con las personas que Dios quiere es una de las claves para perseverar en la obra.
Es increíble cuán fuertes podemos tornarnos cuando comprendemos lo débiles que somos.
Nuestra tarea principal como embajadores de Cristo es la reconciliación.
El líder sabio sabe que hay situaciones en las que no podrá ejercer el control.
El pecado es una realidad que no podemos vencer. Solo en Cristo.


