El problema no está en tener sentimientos depresivos sino en que ellos controlen mi conducta.
Lo que un líder es, queda al descubierto cuando los más cercanos a él le dan la despedida.
El líder maduro en tiempo de crisis busca el rostro de Dios, no sólo para ser fortalecido sino para recibir la dirección que le marque los pasos.
Impóngale a su vida ministerial un ritmo seguro, cuidando sus recursos.
Debemos estar siempre estar a atentos a no dejarnos «mal influenciar» por cosas que nos tan fáciles de determinar.
La única cosa que nos puede motivar verdaderamente a un ministerio sano es la seguridad de que somos amados por nuestro Padre celestial.


