Somos responsables de dirigir lo mejor de nuestros recursos hacia aquellos que sí están interesados en avanzar hacia la condición de maestros.
Nuestro ministerio impactará la vida de quienes ministramos si vivimos en permanente relación con el Padre
No es la presencia del pecado en nuestra vida lo que lo nos descalifica para el ministerio, sino que convivamos con lo que claramente es pecado.
Es Dios quien nos seduce con su incomparable amor, y nosotros respondemos a él.
Un reto a temblar ante la posibilidad de que seamos presa del orgullo.
La restauración de las relaciones era una prioridad impostergable en la vida de los hijos de Dios.


