Vendrá un profeta
Frente a la reacción de Zacarías, el ángel inmediatamente lo exhorta: «no temas». Esta frase se usa al menos cincuenta y ocho veces en las Escrituras, la gran mayoría de ellas en el contexto de una manifestación o una palabra de lo Alto. El hecho de que cada vez que el Señor habla o se revela necesita calmar los temores de su espectador expone cuán profundamente alejados estamos de su corazón. Quien teme a otra persona es porque cree que de alguna manera lo dañará o que la relación con ella lo perjudicará de alguna manera.
Antes de que el Señor pueda siquiera orientar nuestras vidas, entonces, debe encontrar la forma de calmar nuestras ansiedades. Si no entendemos que él busca solamente lo mejor para nosotros, siempre que escuchemos sus palabras lo haremos con una cuota de desconfianza. Seguramente por esta razón él animó el corazón de Josué al exhortarlo:
«¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el SEÑOR tu Dios estará contigo dondequiera que vayas» (Josué 1.9). Se necesita coraje para conseguir sobreponerse a los constantes cuestionamientos y «peros» que se instalan en nuestro corazón.
Qué precioso, sin embargo, que Aquel que verdaderamente entiende de grandezas ¡pueda declararnos grandes!
Las noticias que le trae el ángel son muy buenas. Zacarías y Elizabeth, de edad avanzada, nunca habían podido concebir un hijo. Ahora el ángel le anuncia que les será dado un hijo que no solamente alegrará su corazón, sino el de toda una multitud de personas. Una clara indicación de que a este niño lo espera una importante asignación en los propósitos de Dios.
¿Cuál será el llamado del pequeño? En primer lugar, el ángel declara que el niño será «grande» delante del Señor. No existe grandeza mayor que esta, aunque como hombres muchas veces nos afanamos por las pequeñeces que entre nosotros se consideran grandes. Qué precioso, sin embargo, que Aquel que verdaderamente entiende de grandezas ¡pueda declararnos grandes! A modo de explicación el ángel indica que, aun desde el vientre, este pequeño será lleno del Espíritu. De esta manera, se introduce en el relato una de las figuras clave para la era que comienza: la tercera persona de la trinidad, el ayudador, el que acompañará personalmente a cada uno de los que el Padre integra a la gran familia de Dios.
La función de este varón será preparar el camino para el prometido. Es una tarea similar a la de los funcionarios que iban delante de un rey para preparar los detalles necesarios para su llegada a una ciudad o un pueblo. El hijo de Zacarías es llamado «ha preparar delante del Señor un pueblo bien dispuesto». Él no es la persona que cambiará el corazón del pueblo, sino que trabajará para que estén listas para que el Señor los ministre.
El trabajo que le han asignado a Juan deja en claro la función que cada uno de nosotros podemos realizar como colaboradores en los proyectos eternos. No podemos cambiarle la vida a nadie, pues no poseemos la capacidad de transformar los corazones. No obstante, podemos ayudar a que las personas se ubiquen en el lugar donde Dios puede ministrarlas, y esto no es ¡poca cosa!
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