Divagando sobre aquella boda
Escribo esto unos días antes de mi boda. Si Dios lo permite, me casaré ese gran día; pero solo Dios sabe si así será, pues él está en control de los eventos y los tiempos. Pero a él le he confiado mi vida, así que me siento en paz. Sin embargo, divago en las bodas y en las novias y en los vestidos blancos. ¿Cómo me siento a unos días del gran día? Agradecida. Agradecida porque estoy consciente y segura de que no merezco esto. No merezco el amor de tantas personas; no merezco el amor de mi prometido; no he hecho nada para ganarme un momento como el día del hoy.
Sí, por gracia sufrimos (porque eso nos purifica), por gracia celebramos (porque eso también nos purifica). Y en los momentos de dolor y de supremo gozo podemos decir como Ricardo Montaner: «Esto también pasará». No siempre estamos arriba en la Montaña Rusa; ni los valles duran para siempre. La vida está llena de altos y bajos. Y en ambos, lo mejor es la gratitud.
Insisto: es por gracia que recibimos las bendiciones de Dios, y eso lo sabe una novia. Y me voy un paso más allá, donde quisiera detenerme. Un día, habrá una novia a la que se le concederá vestirse de lino fino y resplandeciente. Pero esa novia se mirará en el espejo y se le humedecerán los ojos. ¿Por qué? Porque estará muy consciente de que no merece esas vestiduras blancas.
Recordará las muchas veces que engañó al novio; las muchas veces que lo despreció con sus acciones; las muchas veces que se acostó con los enemigos de su futuro Esposo. Así es, me refiero a la Iglesia, una que ha manchado el nombre de Cristo. Una que ha adulterado con el gobierno, que ha herido a los más débiles, que no ha mostrado compasión, que ha sido avara (solo buscando dinero), que ha escandalizado a la sociedad con palabras como aborto, homosexualidad, pedofilia, poder, vicios, guerra, calumnias, asesinatos y complots.
Y aun así, se le concederá vestir de lino fino. ¡Eso es gracia! ¡Eso es amor! ¡Eso es perdón! El novio más santo y perfecto, de pie, aguarda a su esposa. La esposa, sí, esa esposa que tanto lo lastimó y le causó lágrimas, vestida de blanco, radiante, hermosa; y no por sus propios méritos, sino por el amor incondicional de ese Esposo que lavó los vestidos corruptos y sucios de su novia con su propia sangre.
¡Qué día será aquel! ¡Qué boda será aquella! Una novia resplandeciente, y poco merecedora de tanta bondad. Y hoy yo gozo una pizca de esa gracia, a pesar de ser como soy y de no ser lo que debo ser. Hoy a mí se me concede —si Dios lo permite— saborear un poquito de ese gran día. Aun así, anhelo, con todo el corazón, aquella otra boda donde aquella novia lucirá radiante y hermosa, perdonada y limpia por el sacrificio de su Amado.
Nota de la autora:
En esta fecha, ya soy la señora Harris; me he casado con un hombre maravilloso llamado Abraham. Pero aún sigo divagando y esperando «aquella» otra boda.
La autora es escritora y maestra. Su nueva novela, Donají, por Grupo Nelson, trata de una historia de amor en Oaxaca, México. Disfruta leer, escribir y escuchar historias. http:/www.retratosdefamilia.blogspot.com. ©Todos los derechos reservados. Publicado en Apuntes Digital III-6, edición de enero-febrero de 2010. Derechos reservados por la autora y DesarrolloCristiano.com ©2010.

