El dinero de la iglesia
Sonó el teléfono de nuestro estudio contable y la voz se escuchó dolida, consternada. Era un pastor de nuestra ciudad que acabada de descubrir que el tesorero de su iglesia había sustraído fondos de la congregación en forma secreta, probablemente por el equivalente a unos $20.000 dólares y quería consultarnos. El mes pasado nos habían pedido de otra iglesia que los ayudáramos. Parece ser que el tesorero que tenían desde hacia 30 años había estado falsificando los registros de las ofrendas asignadas a misioneros y había estado robando de los fondos generales y misioneros. También descubrieron que nunca había realizado los depósitos correspondientes a las jubilaciones y que hasta se había quedado con donaciones de propiedades que habían hecho a la iglesia.
El problema de desfalco religioso es tan antiguo como Judas Iscariote, el “custodio” de la bolsa de dinero del grupo de Jesús, que robaba de su contenido (Jn. 12.6). Aun en la iglesia actual, las personas no son inmunes a la tentación de tomar lo que no les pertenece.
Por otra parte, no debernos vivir y comportamos con desconfianza dentro de la iglesia. La confianza siempre es una parte integral de toda comunidad cristiana saludable. El hecho de que el robo y el fraude ocurran en un porcentaje tan mínimo dentro de las iglesias cristianas es un fuerte testimonio de la honestidad y el carácter de aquellos que administran los fondos dentro del cuerpo de Cristo.
Pero la realidad de la tentación y la existencia de desfalcos sugiere que la práctica de la “confianza total” debería ser cuestionada un poco más. Al adoptar algunos pocos principios financieros sabios, las iglesias pueden mantener una atmósfera de confianza, al tiempo que le evitan a sus miembros la tentación de tomar dinero que fue dado para Dios y su obra.
MEDICINA PREVENTIVA
Primero
Segundo
Asegúrese de que siempre haya al menos dos personas presentes cuando se cuentan y registran las ofrendas. Al principio, esto suele causar nerviosismo en las personas encargadas, pero poco a poco se forma en hábito y pasa a ser forma cultural en poco tiempo. Aun los más honestos agradecerán esta “falta de total intimidad” en el recuento de las ofrendas, porque esto los cubrirá de acusaciones falaces que el enemigo querrá levantar más adelante.
Tercero
Cuarto
Quinto
No hay gran problema para la iglesia si él repone a tiempo el dinero (lo cual nadie puede garantizar). El problema mayor está en que, además del riesgo, ese cristiano va tomando como hábito y práctica personal el usar algo que no le corresponde, debilitándose en el control y buena administración que debe tener para consigo mismo. Instrumentar controles seguidos ayudarán a estas personas a no malversar los fondos y no caer en ingenuas trampas que luego le traerán descrédito de por vida. Si es posible, es bueno para la iglesia tener una cuenta bancaria donde hacer los depósitos de fondos. Esa cuenta, en sí misma, ya es un buen control.
Sexto
Séptimo
Probablemente, sería conveniente que la auditoria interna fuera suplementada, cada año o dos, por una auditoría externa independiente, hecha por un profesional la materia.


