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Predicación

El poder del contentamiento

15 julio, 2005589 visitas


Hace algún tiempo escuché una historia llamada “El picapedrero”. Y es la siguiente:



Había una vez un picapedrero que vivía solo. Aunque había adquirido mucha destreza, era muy pobre. Vivía en una choza de cañas de bambú y usaba ropa hecha de jirones.



Un día en que el hombre trabajaba con su cincel y su martillo sobre una enorme piedra, oyó que se reunía una multitud en las calles. Por los gritos supo que el rey llegaba para visitar la humilde aldea. Uniéndose a la procesión, el picapedrero vio cuando los súbditos saludaban al rey, que estaba vestido de una maravillosa seda



Y pensó: Cielos, como quisiera tener el poder y la gloria del rey. Él tiene soldados a su disposición. No hay nadie más poderoso.


El deseo del humilde sujeto se oyó en el cielo, e inmediatamente se transformó en un poderoso rey. Se encontró montando en un fabuloso caballo, saludando a multitudes que acudían a verlo.


Y pensó: Esto es poder.



Sin embargo, a medida que avanzaba el verano, el nuevo rey veía los efectos del calor sobre su pueblo. Los hombres y los animales se cansaban, y las plantas se marchitaban bajo los poderosos rayos del sol. Cuando miraba al cielo, el nuevo rey se daba cuenta de que el astro rey era más poderoso que cualquier gobernante terrenal.



Entonces el rey pensó: Como quisiera ser así de poderoso. Quisiera ser el sol. Y de inmediato se le concedió su deseo.


Al picapedrero le agradó su nuevo papel como sol. Disfrutó el poder que sentía mientras contemplaba los reinos debajo de él. Cuando enviaba sus brillantes rayos a la tierra, veía a reyes y príncipes bajo sus sombrillas; veía como poderosos guerreros se volvían débiles bajo su mirada. Incluso las cosechas en el campo estaban bajo su control.



Entonces un día una diminuta nube se movió sobre la tierra, ocultándola de los rayos del sol. Viendo que había algo más poderoso, pensó: Deseo de todo corazón ser una nube.



De nuevo se le concedió el deseo. Ahora bloqueaba los rayos del sol y se sentía importante. Hizo acopio de todas sus fuerzas, se convirtió en una gigantesca nube y comenzó a derramar lluvia sobre la tierra



Se formaron ríos donde no había ninguno y el agua inundó las tierras de labranza y las calles de las ciudades. Todos – los árboles, animales, personas – parecían atemorizados por su poder. Solamente las sólidas rocas se mantenían firmes.



Y pensó: No hay nada tan poderoso como una roca. Cómo quisiera ser una roca gigantesca. Una vez más se le concedió el deseo.


Como piedra permaneció inmóvil y poderoso, indiferente ante el sol, el viento o la lluvia. Se sintió libre de todas las fuerzas que conformaban la existencia de quienes estaban a su alrededor.



Entonces un día se acercó un hombre portando una bolsa. Al detenerse sacó un cincel y un martillo, y empezó a despostillar la roca.


Comprendiendo que el hombre con las herramientas era más poderoso que cualquier roca, gritó: “Vaya, quiero ser un picapedrero”.


Una vez más los cielos oyeron su súplica, y se convirtió en un picapedrero. Volvió a vivir en una choza de cañas de bambú y se ganaba la vida con el martillo y el cincel. Entonces fue feliz”.


Tomado del libro Ilustraciones perfectas publicado por Unilit. Usado con permiso. Todos los derechos reservados.

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