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Iglesia

En el taller

11 mayo, 20121074 visitas

En la edición anterior de Apuntes ofrecí un vistazo de una de las herramientas que más han afectado mi disciplina diaria de estudiar el texto sagrado, mi Biblioteca Digita Logos. La facilidad con la que accedo a sus recursos significa que, de manera práctica, en cualquier momento, puedo escoger algún elemento de consulta que amplía, aclara o completa un concepto sobre el que estoy meditando.

 

Coleccionar las herramientas

De niño solía visitar a un tío que poseía un extraordinario talento para trabajar la madera. Por ser un hombre sumamente meticuloso, solamente podía entrar a su taller de trabajo cuando él estaba presente. Colgada de las paredes del taller de mi tío, se apreciaba una increíble colección de herramientas, todas ordenadas por función y tamaño. Yo reconocía las más comunes, martillos, destornilladores, gubias, escofinas y cepillos. Yo tenía algún conocimiento de la utilidad de cada una de ellas. Pero también colgaban una diversidad de herramientas que desconocía. Aun estudiándolas con cuidado, no lograba descifrar cuál era el uso particular que cada una cumplía.

 

Mi ignorancia acerca de los usos específicos de cada herramienta, sin embargo, no me impidió una clara observación sobre aquel taller, colmado de los más diversos instrumentos. Para lograr la excelencia en su trabajo a un artesano no le basta con poseer un singular talento. Debe contar con una surtida colección de herramientas especialmente diseñadas para los procesos que acompañan su labor.

 

La imagen sirve también para el estudiante serio de la Palabra. Puede que posea una mente dotada de capacidades particulares para descifrar los misterios de las Escrituras y un espíritu sensible a la voz orientadora del Espíritu; lementos fundamentales a la hora de acercarse al texto. No obstante, el «artesano» de la Palabra también va a echar mano de todas las herramientas que le puedan asistir en el proceso de discernir con acierto y fidelidad los principios de la Verdad. Estas herramientas pueden ser un diccionario, un léxico, una tabla comparativa, un comentario, un análisis lingüístico o un desarrollo exegético de un pasaje. Cada herramienta aportará su riqueza al proceso de estudio.

 

Trabajar el texto

En este momento, por ejemplo, estoy trabajando el texto de Isaías 50. El primer paso que realizo, siempre, en el estudio de un pasaje, es leerlo varias veces. Ingreso al «taller» de Logos e inicio una búsqueda del texto que deseo estudiar. Inmediatamente el programa me extiende el texto en mi versión preferida, la Nueva Biblia de los Hispanos (NBLH). Antes de investigar cualquier término puntual, intento captar el sentido del texto original con una lectura detenida del pasaje.

 

En ocasiones el texto ya nos resulta muy conocido, por lo que realmente sería provechoso una lectura alternativa que nos ofrezca una mirada fresca sobre el mismo pasaje. Mis preferencias en la Biblioteca Digital Logos ya se han anticipado a esta posibilidad y me han abierto el texto en las versiones adicionales que yo he seleccionado: La Reina Valera Actualizada (RVA), La Nueva Traducción Viviente (NTV) y la Nueva Versión Internacional (NVI).

 

Mi interés particular, en esta ocasión, es el verso 7: «El Señor Dios Me ayuda,

Por eso no soy humillado, Por eso he puesto Mi rostro como pedernal, Y sé que no seré avergonzado». La herramienta comparativa que he escogido ya me ofrece una perspectiva interesante sobre este texto. Deseo entender la diferencia entre la palabra «humillado» y la palabra «avergonzado». En la comparación de textos observo que la NTV traduce el término «humillado» con la palabra «avergonzado», mientras que la RVA prefiere la palabra «confundido». Por otro lado, si realizo el mismo ejercicio con la palabra «avergonzado» (al final del versículo), constato que la NTV traduce «no pasaré vergüenza», mientras que la NVI y la RVA optan por la misma frase que la NBLH.

 

El proceso de comparación me ayuda a entender que Isaías se refería a dos palabras diferentes. Los traductores intentan buscar el término más fiel en el español para representar el significado del original Hebreo. Quizás me convendría escoger algún otro instrumento en mi colección de herramientas, para arribar a mayor claridad sobre estas dos palabras.

 

Consultar el original

Cuando efectué mi búsqueda de Isaías 50 en el original, el programa de Logos automáticamente generó un análisis exegético del texto. Ya está desplegada en una de las pestañas del programa. Para acceder a ella solo debo seleccionarla con mi mouse y activarla.

 

Cuando se abre esta nueva ventana, veo que Logos me presenta información detallada de la estructura y el significado de cada una de las palabras en Isaías 50. No hace falta que sepa leer hebreo, aunque el texto está desplegado en este idioma a la par del español, para quienes cuentan con esa ventaja. Rápidamente bajo por el texto y arribo a las dos palabras que me interesan: avergonzado y humillado.

 

Logos me provee bastante información acerca del origen de la palabra «avergonzado» y su estructura gramatical. En este momento, sin embargo, me interesa entender mejor su significado. Entre los recursos desplegados veo el Diccionario Bíblico del Hebreo. Este me informa que la palabra «humillado» se refiere a una acción de humillación por parte de otros hacia mi persona, una experiencia de maltrato. A modo de ilustración me ofrece varias referencias bíblicas en las que se utiliza la misma palabra: 2Sa 10.5; Ru 2.15 y 1Sa 25.15. Con solo ubicar mi cursor sobre estos textos, se abren en la pantalla y alcanzo a leerlos sin necesidad de una búsqueda separada.

 

Ahora sigo el mismo proceso con la palabra «avergonzado», ubicada al final del versículo. Además de informarme que es un verbo, el diccionario bíblico me señala que este término se refiere a un lamento por una decisión tomada. Es decir, se relaciona con una sensación de angustia por haber optado por una acción que se ha ganado la desaprobación de los demás. De inmediato entiendo que Isaías se refería a dos sensaciones totalmente diferentes. La primera tenía que ver con una acción externa ejecutada contra el siervo de Dios, pero la segunda se relaciona con un remordimiento interno. Si comprendo bien el mensaje de este versículo, Isaías declara en él que la persona que confía en Dios no se sentirá nunca poca cosa, ni tampoco tendrá ocasión de lamentarse por el camino que ha escogido en la vida.

 

Me resulta claro, después de este pequeño análisis, entender por qué la NTV, que intenta acercarse a una traducción más moderna, ha optado por traducir este versículo: «Debido a que el Señor Soberano me ayuda, no seré avergonzado. Por lo tanto, he puesto el rostro como una piedra, decidido a hacer su voluntad. Y sé que no pasaré vergüenza».

 

Correr con ventaja

¿Cuánto tiempo demoré en hacer este breve estudio de un pasaje que, seguramente, seguiré estudiando mañana? Apenas unos minutos. A diferencia del espléndido taller de mi tío, el programa de Logos me da la gran ventaja de que efectúa gran parte del trabajo para mí. Si hubiera tenido que efectuar esta investigación buscando individualmente en cada libro consultado, probablemente hubiera requerido de un par de horas. Con apenas ingresar el texto en la ventana de búsqueda, sin embargo, Logos ejecutó por mí, en un par de segundos, lo que me hubiera tomado mucho más tiempo.

 

En este artículo he querido apenas demostrar la forma en que mi Biblioteca Digital Logos me acompaña cada día. Ni siquiera utilicé 5% de las herramientas con las que cuento a mi disposición. No obstante, las que alcancé a aprovechar abrieron para mí, de manera maravillosa, un texto que habla profundamente a mi corazón. Mi esperanza es que, cuando surja la oportunidad de ministrar sobre este pasaje a otros, ellos también sean beneficiarios de los tesoros que descubrí en mi «taller» de estudio.

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