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Consejeria

Entendiendo algunas diferencias entre hombres y mujeres

15 julio, 2005691 visitas


Entre hombres y mujeres hay diferencias estructurales en su sicología, más allá de sus anatomías. Comprender las diferencias que hay entre los dos sexos ayuda de gran manera para la vida diaria, la comunicación en la pareja y el trabajo pastoral. Por ejemplo, las mujeres, en su mayoría, tienen un funcionamiento mental plural en forma simultánea. Eso se aprecia en una mañana tipo de una ama de casa. Mientras se encuentra haciendo la comida, tiene bajo control el lavarropas, está pendiente del horario del colegio de sus niños y cuanto tema haya surgido esa mañana. A una secretaria ejecutiva la vemos atender varias llamadas telefónicas al mismo tiempo, mientras vigila que la cafetera esté funcionando para dar el “cafecito” al jefe, escribe cartas a máquina y ejerce de “filtro” ante todos los que intentan entrar en la oficina del gerente. El varón, en cambio, es más monotemático en su proceso mental; tal vez sea por eso que es más filosófico en el análisis de cada tema.



PRECAUCIONES



Téngase en cuenta que estamos hablando de generalidades, lo que no impide encontrar casos en que las características se aprecien en forma inversa. Estas generalidades nos amplían el campo de comprensión en los roles, y ayuda significativamente en la comunicación entre un hombre y una mujer, pero convengamos que no son absolutas. Las diferencias a que hacemos referencia deben ser analizadas en forma descriptiva y no evaluativa.


Ambos sexos poseen todos los rasgos, y muchas de las comparaciones sobre las características hombre/mujer no son universales, sino que pertenecen a un mismo grupo social, o están dentro del contexto de las relaciones hombres/mujeres.


Por otro lado, las diferencias más significativas están en la estructura psicológica y el comportamiento social, más bien que en la inteligencia, destreza y habilidad. Algunas veces debieran ser controladas, en lugar de ser maximizadas, ya que ellas no determinan los roles de los hombres y las mujeres.



ÚLTIMA PRECAUCIÓN



Tal vez usted tienda a autoevaluarse a medida que lee el presente trabajo. Tenga cuidado de no perseguirse a sí mismo si no encuentra en usted exactamente las características correspondientes a su sexo. Recuerde que estamos hablando de generalidades. No todos somos iguales en nuestra personalidad. Además no todos hemos tenido el mismo trasfondo. Estas características no son cualitativas; no miden la calidad.



INTEGRACIÓN – DIFERENCIACIÓN



La mujer se caracteriza por la integración: la unidad y totalidad de su ser, así como por el desarrollo armonioso de las facultades. Las emociones, el intelecto y el cuerpo forman una unidad.


El hombre, en cambio, se caracteriza por la diferenciación: el perfeccionamiento de las capacidades individuales. Él separa con mayor facilidad los elementos de su persona.



EMOCIONES



Los hombres guardan mayor distancia de sus emociones y tienen mayor capacidad para apartarse, mientras que las mujeres responden a las situaciones en una forma más inmediata, espontánea e íntegra.



CONOCIMIENTO



La mente masculina discrimina, analiza, separa, pule, categoriza y encasilla; le gusta separar las cosas. La mente femenina tiene una percepción intuitiva de la sensación, una tendencia a unir más bien que a separar. La mujer se coloca a sí misma en un punto central, decidiendo la relación que el objeto tiene con su propia vida. Relacionan las cosas de un modo más personal, como individuos totales, teniendo una respuesta más integrada.


La segunda diferencia central entre los estilos típicos de conocimiento masculino y femenino es el contraste entre el énfasis intuitivo de la mujer de tener “empatía” o “fusión” y el énfasis masculino de guardar distancia. Las mujeres quieren conocer un objeto, acercándose a él, en cambio los hombres tienden a distanciarse del objeto con el fin de entender y de actuar en relación al mismo de un modo más eficaz.



EXPERIENCIA CORPORAL



Las mujeres sienten sus cuerpos como una parte integral de sus personalidades, mientras que los hombres sienten sus cuerpos más como herramientas para cuidar y usar.


Las mujeres sienten sus límites corporales en una forma más definida que los hombres. Su autoevaluación como mujeres depende en gran medida de su atractivo físico y de su comportamiento sexual y maternal. Por supuesto que esto ha sido magnificado por las culturas, las que han puesto más énfasis aun en ese aspecto.


Los hombres tienden a plantearse una relación sexual como una actividad placentera que persiguen, muchas veces sin importar la identidad de su compañera. Esto no justifica las infidelidades pero sí ayuda a entender dónde trabajar para fortalecer lo débil.


El tipo de estímulo inicial que excitará al hombre sexualmente generalmente es físico (la vista o el tacto), mientras que el estímulo inicial para una mujer frecuentemente es una expresión de atención personal.



ORIENTACIÓN Y METAS



En lo que hace a la acción del trabajo y la acción del cuidado personal, el comportamiento social del hombre está más orientado hacia metas, mientras que el de la mujer lo está más hacia asistir y cuidar de las necesidades personales. Los hombres tienen un mayor sentido de propósito, y están más inclinados a formular y perseguir metas de largo alcance, ocupándose de lograr una serie particular de fines predeterminados. Por otro lado, las mujeres tienden a preocuparse más con las necesidades inmediatas y con la forma en cómo las personas se relacionan unas con otras.


En toda sociedad humana se reconoce la necesidad masculina de realización, de obtener logros. Ellos tienden a analizar una situación o persona, con lo cual aíslan la esfera particular de la necesidad.


La forma femenina de mostrar preocupación apunta a la persona como una totalidad, y se preocupa integralmente por la persona, más bien que por problemas específicos. Los hombres se relacionan con las situaciones sociales más en términos de metas específicas o problemas que tratan de solucionar.



COMPORTAMIENTO



Agresión. Algunos varones relacionan la agresión con el comportamiento dominante (autoritario), el deseo de triunfar sobre otros, de derrotar a un oponente y de colocarse en una posición ascendente. La agresión estaría, entonces, detrás del espíritu de competencia general en la vida política, económica y social.


Cuidado especial. Este término se refiere al comportamiento femenino dirigido hacia los pequeños, los más débiles, o los que están en una situación de dependencia, con el propósito de brindarles ayuda y bienestar. No es que los hombres no sean sensibles, sino que al pensar en soluciones lo hacen en términos más abstractos y de largo plazo. Las mujeres piensan en el ya.



COMPORTAMIENTO GRUPAL



Los grupos masculinos tienden a ser mayores que los femeninos. Desde una edad temprana, los hombres tienden a formar grandes “pandillas”, mientras que las mujeres tienden a formar grupos menores basados en la amistad íntima. Otro aspecto grupal es que los hombres tienden a establecer un orden más jerárquico en sus relaciones, que lo que las mujeres parecen hacer.


Finalmente, en los grupos masculinos habría una estabilidad mayor en cuanto a compromiso y lealtad que lo que puede hallarse en los grupos femeninos. Tienen mayor continuidad a través del tiempo y tienden a una mayor importancia en la vida de sus participantes.


Cómo discutir limpiamente en pareja


El diálogo es la mejor herramienta que pueden usar los cónyuges para comprenderse mutuamente y saber cómo enfrentar mejor las situaciones concretas. Bien usado, el diálogo ayudará a avanzar notablemente a la pareja. Mal usado, el mismo termina en la pelea, la discordia y en momentos que son mejor olvidar.



A continuación, transcribimos varias ideas para un compromiso mutuo, a fin de poder dialogar mejor:




  • Estaremos seguros de que es el momento correcto. Los dos deberemos estar de acuerdo.


  • Recordaremos que el propósito al discutir un asunto es profundizar nuestra unidad y la comprensión que tenemos el uno del otro, por lo que usaremos las armas de humildad, paciencia, comprensión, perdón y misericordia.


  • Revisaremos nuestras tácticas de guerra:



    • Guardar las palabras


    • Cuidarse de las referencias al pasado o de cosas que ya no pueden ser cambiadas. Santiago 3.


  • Bajaremos el tono de nuestra voz, en lugar de subirlo.


  • Nunca pelearemos en público ni revelaremos cosas privadas.


  • Cuando hayamos llegado a un acuerdo, lo mantendremos durante todo el tiempo pactado.


  • No evadiremos el enfrentar las cosas, aun cuando el problema sea de la otra persona.


  • Daremos tiempo al otro para que piense y cambie.

© Apuntes Pastorales, 1991.Los temas de Apuntes Pastorales. Volumen 1, número 2.

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