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Mujer

Esposas frígidas

15 julio, 20051365 visitas

Por mucho tiempo se creyó que las disfunciones sexuales eran exclusivas de los matrimonios mal avenidos o de aquellos con serios conflictos internos. Un buen matrimonio también puede sufrirlas, aunque siempre hay esperanza para ellos.


Una pareja llega a la oficina de consejería. Son tímidos. Hablar sobre el problema que expresaron por escrito les resulta muy difícil, hablan en tono bajo.


—Me pongo rígida y tiesa cuando Jorge me toca—, detalla María. —Ha sido siempre así en los diez años que llevamos juntos. Cada vez que me toca o acaricia me pongo dura.


A medida que uno recoge información acerca de su relación, descubre que, en general, han tenido un matrimonio feliz. Los hijos son sanos y normales y la disciplina es consecuente; en ella participan ambos padres. María trabaja cinco horas por día y Jorge está de acuerdo en que lo haga. Tienen una linda casa. Su asistencia a la iglesia y su participación en las actividades de la misma son buenas. Los contactos sociales se limitan al mismo grupo de amigos. Los dos están satisfechos con esto.


Pero al escuchar esta confesión, uno queda perplejo. ¿Cómo puede ser tan normal este matrimonio (en realidad, más que normal) y estar atormentado con una disfunción sexual tan severa?


En verdad, existen casos como este. Sin embargo, generalmente no duran diez años. Uno de los dos se frustra y al año —o a los dos— renuncia al esfuerzo de mejorar la relación. No obstante, hay parejas que realmente se aman y desean desarrollar relaciones bíblicas.


Dios ha creado el aspecto físico del matrimonio para ser disfrutado por ambos (Pr. 5.18, 19; Cnt.; 1 Co. 7.1-5). Si no lo están disfrutando, serán infelices.


Hay varias razones que causan una vida sexual infeliz en el matrimonio:




  • Uno de los dos no demuestra amor al exigir algo que al otro le disgusta. Este es un problema frecuente en la sociedad moderna. Hay algunos «gustos sexuales» que suelen ser apetecidos por uno, pero feos para el otro.


  • Puede haber resabios de ira, amargura, venganza, etcétera, en la cama. Estas actitudes pecaminosas afectarán adversamente la relación.


  • Quizá haya sentido de culpa por relaciones prematrimoniales. Este era el problema en el caso de Jorge y María.

Otra forma de parálisis por culpa está relacionada con sentimientos que se arrastran desde antes del casamiento. Muchas mujeres llegan al matrimonio con una enorme carga de culpa que sigue fermentado durante años. Las mujeres parecen tener una mayor capacidad de asimilar la culpa que los hombres, en cuanto al sexo premarital. Una pregunta que frecuentemente les hago a los hombres que se quejan de la frigidez de sus esposas es: «¿Tuvo relaciones sexuales con su esposa antes de casarse?» Les explico que no es necesario responder a la pregunta, pero que sería de mucha ayuda. En todos los casos donde he formulado esta pregunta, el esposo me ha respondido afirmativamente. Entonces le pregunto lo siguiente: «¿Diría usted que su esposa le respondía sexualmente en mayor o en menor grado, antes de casarse?» También, en todos los casos cuando he hecho la pregunta, el hombre ha respondido que su esposa le respondía más antes del matrimonio. Entonces, generalmente, me miran perplejos y dicen: «¿Cómo lo supo?» Es un fenómeno bastante común.


Jorge y María representan parejas reales. Tomémoslos como un ejemplo para estudiar.


—María, ¿tuvo relaciones sexuales prematrimoniales?


—Sí—, contesta ella mirando sus manos.


—¿Una vez o regularmente?


—Regularmente; todos los fines de semana en los seis meses antes de casarnos.


—María, ¿sabía que eso estaba mal? —, pregunto.


—Sí. Y me sentía culpable.


—Sí.


—Jorge, ¿diría que María le respondía más antes del matrimonio que después?


—Sí.


—María, ¿cuándo experimentó la frigidez por primera vez?


—En la luna de miel.


En tales casos, después de obtener algunos datos más, les explico que, hasta el momento de casarse, el deseo de agradar y el temor de perder a Jorge ayudó para que María reprimiera su sentido de culpa. Pero en cuanto el temor a perderlo quedó eliminado por la ceremonia, la culpa comenzó a hacer sentir su efecto.


Frecuentemente ocurre que estas chicas nunca han pedido perdón a Dios por este pecado, como que rara vez comparten con sus esposos el sentido de culpa, ni le han pedido perdón por participar en algo que sabían era pecado. En ese momento, una clara enseñanza sobre la necesidad de pedir perdón a Dios y al semejante señala el comienzo del cambio.


Sin embargo, los hábitos de pensamiento y accionar están arraigados y deben cambiar. Generalmente continúo con lo siguiente: «Los dos seguramente han pasado noches más o menos así: Jorge se dirá a sí mismo casi todas las noches —frustrado por la relación—: «Mejor que no me acerque a ella; la voy a hacer sentir mal. Dirá que no y me herirá». María puede estar pensando: «Espero que no se me acerque. Tengo deseos pero sé que me pondré tensa».


Después de preguntarles a los dos si esto es así (casi siempre lo admiten), sugiero que se sienten y se pongan de acuerdo sobre cuáles serían las mejores noches de la semana y cuál la hora mas conveniente. Luego les sugiero que oren juntos, que tomen una ducha (y dependiendo de su nivel académico, facilidad de lectura, etc.) que juntos lean el Cantar de los Cantares. Deben seguir con este programa durante tres semanas y luego volver.


Otro problema que surge en tales matrimonios es que, para que «la agonía» termine pronto, acortan el tiempo y suprimen el saludable y necesario «juego previo». Es mejor, entonces, que estas parejas planifiquen tener suficiente tiempo para ese juego previo, tierno y suave, en que los dos deben participar. La comunicación es muy importante; deben decirse mutuamente lo que les agrada (vea el artículo El sexo redescubierto, haga click AQUI).


Algunas parejas experimentarán en la primera semana tan buenos resultados por esta planificación que la dejarán de lado para volver a la «libertad». Generalmente, la frigidez vuelve también. Aconsejo que sigan de esta forma hasta completar seis semanas. Recientemente, una pareja me llamó para informar seis semanas después de finalizada la consejería. Ella dijo: «No sabía que un buen matrimonio podía ser tan bueno. Gracias por ayudarnos».


Participe en nuestro foro correspondiente a este artículo haciendo click AQUI



© Los Temas de Apuntes Pastorales, volumen II, número 6.

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