Para vivir nuestra vida cristiana, necesitamos depender de un Dios poderoso y aventurero. Él es la única fuente de fortaleza. Recordemos que él nos enseña cómo ser productivos sin perder nuestro equilibrio.
Necesitamos un equilibrio sano entre la aperura al cambio y la conservación de las tradiciones inamovibles. La institución que no da apertura al cambio para dar lugar a la renovación, manteniendo su esencia, muere.


