Límites saludables
Textos bíblicos: Juan 8.28–29; 2 Corintios 4.16–18
Límite #1: Escuche al Padre, no a la multitud
Cuando me siento sin aliento por hacer mucho, me pregunto a mí mismo: «¿Cómo me metí en todo esto? ¿Cómo terminó todo bajo mi responsabilidad?»
En primer lugar, escribo una lista de las razones inmediatas: «El proyecto tomó más tiempo del que creía. En mis planes no estaba que dos personas del comité renunciaran».
Pero cuando profundizo un poco más, generalmente encuentro muy adentro de mi corazón la verdadera razón: «Quería que la gente me apreciara». Mi deseo de ayudar fue parcialmente un deseo de amar y ayudar a alguien más, pero también era mi inseguridad que exigía: «¡Ámenme! ¡Afírmenme! Si me ofrezco como voluntario, ¡quizá obtenga eso!» Jesús nunca operó de esa manera.
Al obedecer a su Padre, Jesús algunas veces ayudaba a la gente tanto que ¡ni siquiera apartaba tiempo para comer (Mr 3.20–21)! Él obedecía y renunciaba a la cena.
Pero en otras ocasiones, el Padre de Jesús seguramente le indicó: «Deja a esas personas y ven para estar un tiempo conmigo», porque Jesús abandonaba a las multitudes y se apartaba para orar y descansar (vea Mt 14.22–23).
Límite #2: Encuentre su misión específica
Dios no nos pide que hagamos todo, que vayamos a todos lados, que ayudemos a todo el mundo.
Jesús había recibido un ministerio específico y muy bien definido. Cuando Jesús estuvo en la tierra, pudo haber viajado por todo el mundo mediterráneo: Grecia, Italia, Turquía y España. Pero Jesús se quedó en un pedazo del mundo, la mayor parte del tiempo en las regiones de Judea y Galilea.
¿Por qué? Ahí es donde los judíos estaban, y ellos eran su llamado primordial (Mt 15.24). Jesús se entregó por su gente, pero dentro de los límites del llamado que Dios Padre le había hecho. Jesús se enfocó.
Límite #3: Acepte sus necesidades y limitaciones humanas
En el tiempo de Jesús, no había automóviles ni aviones, así que él debía caminar kilómetros tras kilómetros. Eso toma horas y días. Usted no puede ministrar mucho durante ese tiempo. Todo lo que puede hacer es observar el paisaje y hablar con sus amigos y recargar sus energías. En la noche, no había electricidad, así que Jesús observaba las estrellas y luego se iba a dormir. Jesús simplemente vivía el día, tenía que reservar tiempos para desacelerar, tiempos para descansar, tiempos para recargar fuerzas.
Dios nos diseñó con limitaciones humanas. Necesitamos comer, dormir, descansar. Nos enfermamos y tenemos que bajar el ritmo. Necesitamos tiempo para trabajar duro pero también tiempo para divertirnos.
Sí, quizá escojamos sacrificar el sueño con el fin de orar, o renunciar a comer con el fin de servir a la gente. Pero esas situaciones tienden a ser excepciones, no reglas.
Pero, esté dispuesto a arriesgarse. Aunque trato de establecer límites saludables para mi vida, Dios algunas veces me llama a arriesgarme. Eso no le quita valor a lo que acabo de mencionar. Es simplemente un recordatorio de que la vida cristiana es una aventura. Para vivirla, necesitamos depender de un Dios poderoso y aventurero. Él es la única fuente de fortaleza.
PARA COMENTAR:
- ¿Cuál de los tres límites es más fácil para usted? ¿Cuál es el más difícil?
- ¿Cómo pueden realmente los límites saludables ayudarlo a tomar riesgos más allá de esos límites?
- ¿Qué dice 2 Co 4.16–18 acerca de este tema? ¿Para su vida en este justo momento?
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