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Ministerio

Inocencia robada

7 junio, 20101334 visitas

Una luz en la oscuridad

Acudieron a la entrevista con meridiana puntualidad; lo cual otorga un valor agregado, ya que debieron viajar 250 kilómetros para el encuentro. No nos conocíamos. Un pastor de otro país les había asegurado que podían recibir ayuda a través de nuestro ministerio «Restauración Sexual».

Al inicio, según nuestra costumbre, pautamos que les daríamos toda nuestra atención, pero requeríamos una sola condición: que compartieran siempre la verdad. Explicamos que plantearíamos preguntas y, si alguna les resultaba incómoda, podían reservarse la respuesta; es decir, tenían la opción de no contestar, pero no podían mentir. Estuvieron de acuerdo.
Abandone el hábito de reflexionar demasiado acerca del dolor del pasado y proyéctese hacia un futuro de esperanza.Llevaban diez años de casados. Él fue el primer novio de ella. Ambos eran cristianos comprometidos, pero, aunque se habían mantenido puros y deseosos de que el futuro estuviera lleno de la bendición de Dios, las cosas no resultaron como esperaban.

Desde el principio, la intimidad resultó frustrante. Ella nunca accedió a que su esposo la besara en la boca, tampoco aceptaba caricias. Le costaba recibir elogios, ser amigable, mirarlo a los ojos y hasta sonreír…

Él, pensando que era por timidez, se fue ajustando a sus requerimientos; pero todo fue empeorando.

Traición íntima

Ella, entre llantos y en medio de una crisis, le explicó que la habían abusado y que no quería que él le preguntara nada. Y ahí estaban…

Desde los siete hasta los quince años de edad había sufrido repetidas situaciones de abuso, las que había ocultado con mucho celo.

Preguntamos, con sumo cuidado:
—¿A manos de quién sufriste todos esos abusos? ¿Fue una sola persona o varias?
Mirando hacia el piso de granito gris, como queriendo ocultar su rostro en la lejanía, contestó:
—De mi papá.
—¿Nunca lo contaste?
—No.

El poder del secreto

—¿Por qué?
—Porque nadie me iba a creer. Él era el líder principal de la iglesia.
—¿Cómo reaccionó tu mamá?
—Nunca siquiera lo sospechó. Veía a su esposo como un dechado de virtud.
—¿Y en qué momento ocurrían esos abusos?
—Yo soy la única mujer. Tengo cinco hermanos y desde los seis años, mi papá me llamaba a su cama, me decía que me quería mucho y que tenía que cuidarme de los hombres. Era muy celoso, no me dejaba salir sola, ni tener amigas y, poco a poco, empezó con caricias en todo el cuerpo; cuando ya era más grandecita me besaba en la boca. De sólo recordarlo me da asco, pero en casa nadie lo contradecía. Yo trataba de que, cuando mi mamá salía de la casa, me llevara, pero siempre ocurría alguna situación por la que me tenía que quedar: uno de mis hermanos se enfermaba y me dejaba responsable de su cuidado; sus familiares la llamaban por algún problema; una actividad en la iglesia que ella coordinaba, etcétera. Y yo quedaba condenada a sufrir lo mismo, una vez más…
—¿Alguna vez enfrentaste a tu padre? ¿Le reclamaste algo?
—Nunca. Le tenía terror.

En ese momento del relato, su esposo, quien no había estado enterado antes de los pormenores de la historia, quedó impresionado, atónito. No podía creer que su suegro hubiera cometido tal infamia. No podía mantenerse quieto. Por vez primera vislumbraba el dolor en el alma de su esposa y se preguntaba, entre lamentos y lágrimas, si sería posible, para ella y para su matrimonio, un mañana diferente…

Cuentas sin cerrar

El padre de esta joven mujer ya había fallecido. Un cáncer muy agresivo lo había fulminado en pocos meses. Nuestro interés en preguntar acerca del desenlace radicaba en saber si su padre, en el lecho de muerte, le había pedido perdón o manifestado arrepentimiento por el abuso.

Con voz entrecortada y muy débil comentó: «yo esperaba eso. Esperaba que dijera que lo sentía, que se arrepentía. Nunca dio muestras de que le pesara todo el horror que me había causado. Me pregunto dónde estará ahora, ya que partió sin recibir perdón… Me pregunto si su enfermedad y sufrimiento se debieron a la gran maldad de su corazón… Me pregunto tantas cosas…»

Nos dimos cuenta de que, aun cuando el abusador había muerto, todavía vivía en el corazón de aquella joven. Así sucede a menudo, la víctima sigue ligada al abusador por el dolor y el recuerdo. Así sucede a menudo, el agresor transita la vida sin arrepentirse, sin inmutarse frente al dolor que ha ocasionado.

Hacia la restauración

Nuestro consejo para esa joven mujer es el mismo que queremos darle a usted si ha sido víctima de cualquier tipo de abuso: merece una nueva oportunidad de vivir y descubrir la vida con otros ojos. Aunque haya sido su progenitor, quítele el poder a ese perverso de seguir influyendo en su vida. La reconocida conferencista y escritora Joyce Meyer señala: «Nuestro pasado puede explicar por qué estamos sufriendo, pero no podemos usarlo como pretexto para permanecer atados. Nadie tiene excusas, porque Jesús siempre está listo para cumplir su promesa de liberar a los cautivos (Lc 4.18–19). Él andará con nosotros mientras atravesemos la meta de victoria en cualquier campo, si estamos dispuestos a llegar hasta el final con él».

Solo usted puede evitar que su pasado decida sobre su futuro. Déjese sanar. Abandone el hábito de reflexionar demasiado acerca del dolor del pasado y proyéctese hacia un futuro de esperanza. Crea que por delante lo espera un mundo de oportunidades para que usted las aproveche.

La Biblia afirma que todas las cosas ayudan para nuestro bien. No señala que todas las cosas son buenas, sino que todas cooperan para nuestro bienestar. Dios es poderoso para tomar lo malo que llega a nuestra vida y cambiarlo para nuestro bien. Esta es una verdad que debe ser creída. Si la quiere, créala. ¡Si la cree, es suya!

Como corolario de esta historia, la protagonista de este relato está estudiando psicología porque desea ayudar a otros, como ella fue ayudada. Su esposo comenzó sus estudios en un seminario teológico para prepararse para el ministerio. Cuando afirmamos que Dios es poderoso para cambiar lo malo en bueno, es verdad.¡Solicite Ayuda!
Si usted ha sido una víctima de abuso sexual, Cristo quiere regalarle  sanidad y una vida llena de esperanza. Si desea recibir ayuda, orientación o capacitación, o conoce a alguien que lo necesite el ministerio Restauración Sexual puede ayudarle. Para mayores informes escriba a: consultas@placeresperfectos.com.ar, o visite el sitio www.placeresperfectos.com.ar 

Se tomó de Inocencia robada, por José Luis y Silvia Cinalli, © 2009 Restauración Sexual. Se usa con permiso.

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