Dios no puede soportar que se le ofrezca un supuestamente excelente sacrificio (legalmente hablando), con el fin de disimular un corazón malo.
Vivamos a plenitud cada día, con sus cosas buenas y malas, de modo que no tengamos, a la noche, de qué lamentarnos.
Los modelos y las celebridades de nuestro tiempo nunca lograrán ofrecernos nada que reemplace nuestra propia aventura en Cristo.
Los beneficios que logramos al asumir un compromiso absoluto con la persona de Cristo son mayores a los sacrficios que esto requiere.
La nueva vida exige una completa transformación en nuestra manera de conducirnos.



