«—¿Entonces qué debemos hacer? —le preguntaba la gente. —El que tiene dos camisas debe compartir con el que no tiene ninguna —les contestó Juan—, y el que tiene comida debe hacer lo mismo. Llegaron también unos recaudadores de impuestos para que los bautizara.—Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros? —le preguntaron. —No cobren más de lo debido —les respondió. —Y nosotros, ¿qué debemos hacer? —le preguntaron unos soldados. —No extorsionen a nadie ni hagan denuncias falsas; más bien confórmense con lo que les pagan. La gente estaba a la expectativa, y todos se preguntaban si acaso Juan sería el Cristo». Lucas 3.10–15 - NVI
«Entonces los discípulos le preguntaron a Jesús: —¿Por qué dicen los maestros de la ley que Elías tiene que venir primero? —Sin duda Elías viene, y restaurará todas las cosas —respondió Jesús—.Pero les digo que Elías ya vino, y no lo reconocieron sino que hicieron con él todo lo que quisieron. De la misma manera va a sufrir el Hijo del hombre a manos de ellos.Entonces entendieron los discípulos que les estaba hablando de Juan el Bautista». Mateo 17.10–13 - nvi
«Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y ellos dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Éste es un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores.” Pero la sabiduría queda demostrada por sus hechos». Mateo 11.18–19
¿Qué es lo que celebramos en esta época? Ciertamente lo que celebramos es que Dios está con nosotros, habita entre nosotros y ese hecho portentoso cambia nuestras tinieblas en luz y nuestra angustia en esperanza. ¡Gocémonos y alegrémonos!
«Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él. 13 Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. 14 Y si quieren aceptar mi palabra, Juan es el Elías que había de venir. 15El que tenga oídos, que oiga. […]» Mateo 11.12–15
«Entonces dijo María: —Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque se ha dignado fijarse en su humilde sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones…». Lucas 1.46–48


