El Señor nos invita a estar ocupados en los desafíos que enfrentamos a diario, no preocupados.
La preocupación delata una falta de fe en el amor de Dios.
El diablo quiere seducirnos al pecado infructuoso y debilitante de la preocupación ansiosa. Si falla con la tentación de la avaricia, intentará hacernos caer en la ansiedad. ¿Será eso lo que quería enseñarnos el Señor en Mateo 6.25?


