¿Tiene sentido?
Una vez revelada la verdadera naturaleza de los peligros presentes en la ambición por las riquezas, Jesús vuelve al tema central del Sermón del Monte, que es describir la realidad de los que son ciudadanos del reino del cielo. La frase «por tanto os digo» nos alerta al hecho que ahora va a pasar a las consecuencias que se desprenden de saber que no es posible acumular tesoros en la tierra sin desviarse de la fe. Como lo ha hecho en otras oportunidades, Jesús echa mano de las más sencillas ilustraciones de la vida cotidiana para explicar una realidad (versículos 25 al 30).
Piense por un momento en las aves del cielo. ¿Alguna vez vio usted un pájaro sentado en su nido a la mañana, con el ciño fruncido, porque no sabía de donde iba a sacar comida para darle de comer a sus pichones? ¿Verdad que la imagen resulta un poco ridícula, no es así? ¿Qué es lo primero que hacen las aves a la mañana? ¡Cantan! Y luego salen a recoger el alimento que necesitan para ese día, porque saben que en algún lado estará el sustento que procuran. Del mismo modo ninguna ave tiene en su nido una heladera en la cual guarda el alimento de la semana. Cada día retoman la misma rutina, amaneciendo con ruidosa celebración y luego saliendo a buscar la comida para ese día.
Con sus ilustraciones, Jesús quería forzar en nosotros la siguiente pregunta: ¿qué sentido tiene vivir angustiado por las cosas que tienen que ver con el mundo material?
Esta actitud sería lógica si no tuviéramos quien se ocupara de nuestras necesidades y todo el peso de nuestra provisión recayera exclusivamente sobre nosotros mismos. En tal caso se podría entender que nos sintiéramos realmente agobiados por la responsabilidad que llevamos. ¡Pero este no es nuestro caso! ¿Acaso no valemos más nosotros que los pájaros y las plantas? ¿No se esforzará aun más por nosotros nuestro Padre celestial? La respuesta es: ¡claro que sí! Si ama y cuida con tanta diligencia a las aves y las plantas a nuestro alrededor, mucho más lo hará con nosotros.
La primera conclusión, entonces, es que la preocupación delata una falta de fe en el amor de Dios. Así de sencillo. Dudamos de su rol como proveedor nuestro. Frente a esto, no se requiere de otro remedio que detenerse unos minutos para mirar las aves y las plantas a nuestro alrededor. El mensaje de parte de nuestro Padre celestial hacia nosotros será claro. Lea de nuevo el verso 27. En ella encontramos una segunda razón por la cual las preocupaciones son vanas. ¿cuál es?
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