El vértigo de la existencia moderna nos ha tornado poco sensibles frente al sufrimiento y la angustia de nuestros prójimos
Ante las decisiones Divinas lo único que nos queda por hacer es guardar silencio.
Aun en la hora de su entrega, Cristo seguía comprometido en amar.
En el fondo del corazón del Señor Jesús estaba su disposición a limitarse y a ser más que prudente.


