Prudencia Divina
Debo estar consciente de que normalmente mi vida de discipulado oscilará entre la auto-expresión y la prudencia. Hay momentos en que la timidez es un pecado y debo saber expresarme desvergonzadamente por la causa de Dios; y otros en que debo emplear todo esfuerzo para ser prudente, so pena de pecar.
También se limitó moralmente al ser «nacido bajo la ley». La ley fue dada, dice Pablo, para hacernos conscientes de nuestros pecados (Romanos 7.7). Y sin embargo, Jesucristo, quien no tenía pecado, sobrellevó de buena gana las molestias de la naturaleza humana por causa de nosotros, quienes quebrantamos la ley repetidamente.
En el fondo del corazón de Jesucristo estaba su disposición a limitarse y a ser más que prudente en cuanto a expresarse legítimamente acerca sí mismo, a fin de poder salvarnos. Yo también debo aprender de la «mente» de Cristo y estar consciente de que si voy a «salvar» a otros, debo seguir el camino de Cristo. La vía del servicio es la vía de la prudencia. Jesucristo me lo ha mostrado así, y gracias a Dios, me ayudará a lograrlo.
Tomado de Celebrando a diario con el Rey, de W. Glyn Evans, ©DCI, Desarrollo Cristiano Internacional, 1996. Todos los derechos reservados.

