Como la necesidad espiritual solamente puede ser saciada al entrar en intimidad con Dios mismo, la misericordia es fruto del hambre y sed de justicia.
Yo terminé la oración con «Gracias, Dios, porque nos mostrarás qué hacer». Mientras me levantaba, mi hija Holly, quien en ese entonces tenía doce años, me llamó la atención: «Mami, no dijiste “Amén”»....


