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Predicación

Inesperada hospitalidad de los Graham

15 julio, 2005394 visitas

El ex evangelista Jim Bakker habla de acontecimientos que ocurrieron inmediatamente después de que salió de la cárcel:


Cuando me transfirieron a mi última prisión, Franklin (Graham) manifestó que en el momento en que yo saliera deseaba ayudarme con un empleo, una casa para vivir y un automóvil. Transcurría mi quinta Navidad en prisión. Lo pensé por un momento:


– Franklin- dije-, no puede hacer eso. Te haría mucho daño.


Los Graham no necesitaban mis problemas.


Franklin se quedó mirándome fijamente.


– Jim, fuiste mi amigo en el pasado y eres mi amigo ahora. Si esto no es del agrado de alguien, tendrá que pelear conmigo.


Por consiguiente, cuando salí de la cárcel los Graham me respaldaron, me pagaron una casa en la cual vivir y me dieron un auto para movilizarme. El primer domingo que estuve en libertad, Ruth Graham llamó al centro de reinserción social del Ejército de Salvación, donde yo estaba viviendo y pidió permiso para que fuera con ella ese domingo en la mañana a la Iglesia Presbiteriana Montreal. Cuando llegué allí, el pastor me recibió y me sentó con la familia Graham. Había como dos filas completas de los Graham…Creo que allí estaban todos los tíos, las tías y los primos. Comenzó a escucharse el órgano, y el lugar estaba lleno, menos el asiento a mi lado. Entonces se abrieron las puertas y entró Ruth Graham. Caminó por el pasillo y se sentó al lado del ex preso 07407-058. Yo solo había estado cuarenta y ocho horas fuera de la cárcel, pero esta mañana ella le dijo al mundo que Jim Bakker era su amigo.


Después Ruth me llevó a comer a su cabaña. Cuando me preguntó algunas direcciones saqué de mi bolsillo un sobre para buscarlas allí, en la prisión no está permitido tener billetera, por lo tanto simplemente se usa un sobre.


-¿No tienes billetera? – preguntó ella.


– Bueno…sí – dije-, esta es mi billetera.


Después de cinco años de lavado de cerebro en la cárcel se llega a creer que un sobre es una billetera. Ruth fue a otro cuarto y volvió.


-Aquí hay una de las billeteras de Billy – expresó- Él no la necesita. Puedes quedarte con ella”.


Tomado del libro Ilustraciones perfectas publicado por Unilit. Usado con permiso. Todos los derechos reservados.

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