Jesús y el sectarismo religioso
El versículo que acompaña el título de este artículo es tomado de una traducción bíblica más amplia. La usamos porque pretendemos adquirir el enfoque necesario para descubrir el contexto en que se produce el sectarismo religioso. Este fenómeno entre los evangélicos de hoy es más vigente y predominante de lo que estamos dispuestos a admitir. Tomemos, entonces, el pasaje bíblico ya indicado y hagamos su lectura: «Juan le respondió diciendo: “Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía.” Pero Jesús dijo: “No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.”» (Mr 9.3840)
Trasfondo de este pasaje
Descompongamos en partes el pasaje para su mejor comprensión y análisis. En primer lugar, observemos los tres rasgos existentes en la conducta de la persona que Juan censuró tan enérgicamente:
Estaba ministrando en el nombre de Jesús
Sabemos que: «Todo aquél que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios» (1Jn 4.15); y que: «el que confiesa al Hijo, tiene también al Padre» (1Jn 2.23). Esta es una buena señal de inicio para evaluar el comportamiento del cuestionado.
Echaba fuera demonios
También sabemos que Satanás no va a ir en contra de sus propias obras e intereses: «Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin» (Mr 3.26). Si la obra de ese hombre iba en la misma dirección que la de los apóstoles, ¿por qué dudar de él?
No parecía ser parte de su grupo
«Pero no nos sigue», es el argumento que validó la censura y prohibición de Juan. Resulta extraño que, teniendo dos elementos a favor, haya escogido la censura partiendo de un elemento de poco peso y valor: no era de su grupo.
¿Qué se nos dice aquí?
En primer lugar, que el sectarismo actúa y argumenta de ese modo. La persona, e incluso la congregación sectaria, no se detiene a pensar si los que son sujetos de su desaprobación tienen características que les definen como verdaderos hermanos en la fe; tampoco analizan si la conducta exhibida por los otros es Cristo céntrica o no. Simplemente sostienen y fundamentan su rechazo hacia otros alegando que no pertenecen a su grupo, ya sea confesional, denominacional o, sencillamente, a su grupo de afines por cualquier otra razón.
Así de absurdo es el sectarismo religioso y así de añejo y octogenario resulta. Nos acompaña desde las épocas bíblicas y hasta Jesús tuvo que enfrentarse con él.
Lo interesante resulta al pensar que nosotros los evangélicos, quienes tuvimos que pelear grandes batallas por causa del rechazo sectario de la religión histórica en América Latina, ahora estemos dando muestras de haber caído en el mismo fenómeno ¡aun en contra de los mismos evangélicos!
Respuesta y ejemplo de Jesús
El mismo pasaje bíblico que estamos analizando nos provee un sólido ejemplo de Jesucristo, en lo que se refiere a su actitud y respuesta ante el sectarismo religioso.
«No se lo prohibáis». En esta frase queda resumido el espíritu del cristianismo, el cual no es en contra, sino a favor. Es decir, la vida cristiana, a diferencia del judaísmo y en general de otras formas de religión, no es un intrincado sistema de censuras, como manera de obtener el favor divino. Por el contrario, en el cristianismo, prácticamente todo se reduce a la fe y a la gracia, factores a los que mucho apelamos los evangélicos, sin acabarlos de entender del todo.
La actitud de Jesús, en lo que respecta a toda conducta sectaria, queda demostrada en otros pasajes que rodean el texto bíblico leído y analizado aquí.
Nunca, y bajo ninguna excusa y razón, se debe ser tropiezo a los que nos rodean. Tanto debe ser esto respetado, que Jesús da fuerza a su amonestación e indica que ni la mano, ni el pie, ni el ojo nuestro debe servir de tropiezo a los demás (Mr 9.4247).
Cuando se tomó como una molestia el que le presentaran niños a Jesús con el propósito de que los tocara, él respondió con tono severo a aquellos que vieron en esa solicitud un «estorbo al programa de culto.» Y de paso, exhortó a que más bien adoptaran la actitud inocente y sin prejuicio de los niños, ya que de ellos es el reino de Dios (Mr 10.1316).
Cuando a Jesús se le acercó el joven rico con su falsa pose religiosa de «yo cumplo con todo», dice la Biblia que: «Jesús, mirándole, le amó» y le dijo: «una cosa te falta ».
Puede notarse aquí el orden que debe prevalecer en respuesta a las marcadas diferencias encontradas en la conducta ajena. Ese orden es el siguiente: el amor, la aceptación y la tolerancia primero; la corrección, después. En el mundo de las matemáticas existe un principio que reza: «el orden de los factores, no altera el producto». En la aplicación de la Palabra de Dios nada puede estar más alejado de la verdad que esto. Cuando el Señor establece un orden en su Palabra, espera que lo honremos exactamente como él lo ha dispuesto. Y, en esta porción de la Biblia se nota que el amor y la aceptación van en primer lugar; la exhortación y la corrección, en segundo.
Otra evidencia bíblica de sectarismo religioso
En Lucas 9.5156, se lee: «Cuando se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. Mas no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén. Viendo esto sus discípulos, Jacobo y Juan, dijeron: “Señor, ¿quieres que mandemos descienda fuego del cielo, como hizo Elías y los consuma?” Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas.”»
En el pasaje citado aparece en escena una vez más el sectarismo, el cual se traduce en una actitud inmisericorde, implacable y despiadada. Ante esta conversación tan impregnada de elementos destructivos, la pregunta obligada es: «¿cómo es posible que aquellos seleccionados por el dedo de Dios para ser instrumentos de salvación por medio de la predicación del Evangelio, puedan estar dispuestos, en un momento determinado, a la perdición y destrucción de los que deben más bien ser objeto de su obra de predicación salvadora?».
Antes de reaccionar en forma negativa contra Jacobo y Juan, pensemos en cuántas veces y ocasiones, nosotros, los evangélicos, hemos caído en lo mismo. ¿Cuántas veces se podría aplicar a nosotros lo que Jesucristo dijo de sus discípulos y apóstoles: «Vosotros no sabéis de qué espíritu sois.»
¿De qué espíritu sois?
La pregunta que hizo Jesucristo a estos dos apóstoles debe resonar en la conciencia del evangélico de hoy, sobre todo en la conciencia de los pastores y ministros, quienes influyen y dirigen la grey de Dios.
¡Cuánta crítica, cuánto chisme grosero y barato se legitima hoy día entre los cristianos!, ¡cuánto menosprecio desprovisto de toda misericordia se ve entre ministerios «cristianos»!, ¡cuántos malos deseos, tropiezos y mala información corre entre el cuerpo de Cristo, envenenando y amargando el pensamiento y los ánimos del pueblo de Dios!
Efectivamente, hemos perdido el espíritu correcto. Quizás mantenemos aún bien definida nuestra vocación y llamado, pero hemos perdido la esencia misma del evangelio que predicamos, pues nos hemos erigido en jueces implacables de los demás incluso sobre nuestros hermanos en la común fe.
¿Cómo descubrir el espíritu sectario? (nota del editor: debe ir en un recuadro por separado).
Respondamos con honestidad las siguientes preguntas:
¿Critico con demasiada frecuencia a otros hermanos en la fe, ministros e iglesias?
¿Me alegro al enterarme del fracaso o tropiezo de otros ministerios e iglesias?
¿Me niego a participar en «eventos» que no son organizados por mi propio grupo?,
¿Utilizo el púlpito para expresar mis ideas y prejuicios eclesiales, ministeriales y denominacionales, más que para exponer la Palabra?
¿Critico con frecuencia la doctrina y formas de culto de otras iglesias evangélicas?
¿Disfruto cuando veo a hermanos o iglesias entrar en contiendas y divisiones o cuando veo enfermedad en el cuerpo de Cristo?
¿Alguna vez he contribuido a separar o a poner distancia entre hermanos en la fe?
¿Cómo renunciar al sectarismo religioso?
En primer lugar, es imprescindible e impostergable venir en arrepentimiento delante del Señor. Creo que se puede afirmar en términos absolutos, que ninguna persona puede declararse exenta de haber pecado contra el Cuerpo de Cristo en lo que a criticar y menospreciar a otros se refiere. Tampoco nadie puede afirmar que está libre de culpa por no haber rechazado a otros debido a prejuicios de carácter teológico, doctrinal o religioso.
En segundo término, tratemos de recuperar relaciones perdidas por causa de barreras denominacionales, juicios severos e incluso por chismes y rumores. En la actualidad, hay demasiado pueblo de Dios distanciado por estas razones. Si somos sinceros, hemos de admitir que todos, absolutamente todos, tenemos alguna lista secreta de hermanos y ministerios a los que no «tragamos», por los que pocas oraciones hemos hecho, pero sí muchas criticas a sus nombres.
Descubramos también las raíces de nuestra propia envidia. ¿Quién, por santo que sea, no ha pecado alguna vez de envidiar a otro? La verdad es que una de las mayores pruebas a nuestra santidad y rendición a Dios es, precisamente, enfrentar el éxito y los buenos resultados de quienes nos rodean. No son pocos los que ven con malos ojos a otros, más por envidia propia que por desméritos ajenos.
Asumamos el compromiso con la decisión de incluir a otros pastores, ministros e iglesias en nuestras oraciones. El simple hecho de revisar cuánto estamos orando por otros nos dará una muestra segura de cuán egoístas estamos siendo, al pretender ser parte del Cuerpo de Cristo pero vivir al margen de él en la práctica.
En conclusión
Debemos reconocer que, desde los días de los apóstoles que caminaron con Jesucristo, la lucha por ser el primero y el mejor, ha movido al Pueblo de Dios a adoptar las peores actitudes. Nuestras actitudes no son diferentes a las de esa época; incluso podríamos afirmar que estos tiempos son más conflictivos, debido al endurecimiento de las conciencias y a la cauterización de los corazones, incluidos los cristianos.
Dejemos de lado todo lo relacionado con esta lucha estéril, que de manera ninguna glorifica al Señor. Entendamos que el sectarismo cierra la puerta al Espíritu de Dios y nos aleja cada vez más de la verdadera esencia del Evangelio que se nos ha encomendado. ¡Adoptemos un actitud vigorosa contra toda actitud y comportamiento sectario!
El autor, conferencista internacional y autor de varios libros, es pastor de la iglesia Centro Cristiana Internacional, en Tegucigalpa, Honduras. Es también presidente de la red internacional CCI, la cual tiene iglesias en tres continentes. Esta casado y tiene dos hijos.
Apuntes Pastorales Volumen XXI Número 4


