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Liderazgo

La capacidad de comunicarnos

15 julio, 2005583 visitas

El ser humano tiene la capacidad de comunicarse con sus semejantes. Se afirma, incluso, que la misma posibilidad de hablar está condicionada por el hecho de dirigirse a alguien y de recibir una respuesta.


Como nacemos con esta capacidad, el hecho de comunicarnos nos parece totalmente natural y lo consideramos sencillo. Sin embargo, al reflexionar sobre el proceso, notamos que resulta altamente complejo y que el aprenderlo ha demandado un tiempo considerable. Hay una serie de capacidades o competencias que uno posee, de las cuales no es consciente. Por ejemplo:



• Competencia lingüística. Es la capacidad de producir e interpretar signos verbales: emitir y reconocer sonidos, formar frases, expresar y reconocer significados, y unir o integrar frases en un contexto más amplio. A menudo es a la que mayor atención se le presta, o bien ha sido considerada como la única que interviene en el proceso de comunicación. Si tenemos en cuenta las restantes competencias, veremos que no es así en absoluto.


• Competencia paralingüística. Se trata de la capacidad de modular algunas características del sonido de una palabra para producir énfasis o una determinada cadencia en la pronunciación, intercalar risas, exclamaciones, gritos, variar el ritmo, etcétera.


• Competencia kinésica. Es la capacidad de comunicar mediante ademanes y gestos: señales, mímica, movimientos del rostro, de las manos, de la cabeza, del cuerpo, posturas, etcétera. Hay un dicho popular que expresa que «un gesto vale más que mil palabras». De éste puede desprenderse que la mencionada competencia es reconocida habitualmente como muy importante.


• Competencia proxémica. Consiste en la capacidad de variar las actitudes hacia el espacio y las distancias interpersonales, las que tienen significados culturalmente determinados. En general, en Latinoamérica las personas pueden situarse cerca la una de la otra; no sucede lo mismo en otras culturas, donde hay que guardar una distancia mayor o colocarse en otro nivel (superior o inferior) en el momento del diálogo.


• Competencia pragmática. Se trata de la capacidad de usar los signos lingüísticos y no lingüísticos (gestos, posturas, distancia, etc.) de manera adecuada a la situación y a las propias intenciones. Por ejemplo: cuando digo «Hace calor» puede tratarse se una simple afirmación y no llevar ninguna otra intención, o bien puedo usar la expresión como una excusa para no realizar alguna cosa (alguien me invita a salir a caminar o me ordena hacer un trabajo, y yo respondo: «Hace calor» a manera de negativa), o también puede ser una invitación a otra persona a abrir una ventana (en una habitación llena de gente, al pronunciar la frase: «Hace calor» intento que alguien abra una ventana sin tener que dar una orden directa).


• Competencia sociocultural. Consiste en la capacidad de reconocer situaciones sociales y relaciones según los roles que se desempeñen, junto con la de conocer los elementos distintivos de determinada cultura. Por ejemplo: el sistema de formas de tratamiento. En cada cultura éste es diferente. En Latinoamérica hay países o, incluso, regiones dentro de un mismo país, donde la gente tiende a tratarse más de «tú» o «vos» que de «usted». Esto depende también de la edad y el sexo del interlocutor. Existen regiones, donde los esposos o los padres e hijos se tratan de «usted», mientras que en otras esto sería inconcebible.


• Competencia ejecutiva. Es la capacidad de acción social, de utilizar el acto lingüístico (verbal) y no lingüístico (no verbal) para llevar a cabo la intención comunicativa. Es decir, consiste en la capacidad de poner en práctica todas las competencias mencionadas anteriormente a fin de comunicarse.


La mayoría de los hablantes no somos conscientes de todo el caudal de conocimientos que requerimos para expresarnos, para ser entendidos y poder comprender a otros. Por ello, el proceso de aprendizaje comunicativo lleva tiempo. Asimismo, aprender una lengua extranjera no garantiza la comunicación, a no ser que conozcamos también a la cultura que habla ese idioma y sus normas de interacción. Incluso dentro de nuestro propio país podemos cometer errores si no estamos al tanto de las reglas que rigen el proceso comunicativo en ese lugar. Cuantas veces podemos caer en un exceso de formalidad al tratar a la gente de «usted» y ser considerados fríos o distantes, o bien tratarlos de «tú» y pasar en ese mismo instante a convertirnos en atrevidos y «confianzudos». Otras veces, nuestras palabras expresan aceptación, pero nuestras miradas, la rigidez del rostro, o la postura del cuerpo demuestran todo lo contrario. Cuán a menudo el colocar nuestra mano sobre el hombro de otra persona puede generar una actitud de rechazo y cerrarnos la puerta a la interacción, porque según sus normas ese acto constituye una ofensa o connota algún tipo de discriminación. O qué de nuestros gestos al hablar, los que en una cultura diferente pueden llevar a que se mos tache de maleducados y groseros.


Por esta razón, debemos estar abiertos a nuestro entorno, ser conscientes de que hay personas que tienen otras normas comunicativas, dedicarnos a escuchar y observar lo que sucede a nuestro alrededor, y ocuparnos de aprender cuáles son las reglas que rigen la comunicación del grupo al que queremos acercarnos. De esta manera, tal vez podamos evitar la mayoría de los errores y malentendidos que de otro modo cometeríamos.


©Copyright 2008, Apuntes Pastorales, un ministerio de Desarrollo Cristiano Internacional, todos los derechos reservados.


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