header parallax image
Devocional del día, Devocional diario, Biblia, Predicaciones, Bosquejos, Artículos, Consejeria, Versiculo diario - Desarrollo Cristiano Internacional
  • Inicio
  • Identidad
  • Valores del reino
  • Relaciones
  • Espiritualidad
  • Artes pastorales
  • Héroes de la fe
  • Inicio
  • Identidad
  • Valores del reino
  • Relaciones
  • Espiritualidad
  • Artes pastorales
  • Héroes de la fe
Predicación

La clave es oír

15 julio, 2005382 visitas



En la época en que el telégrafo era el medio más rápido de comunicación de larga distancia se contaba una historia, quizá inventada, acerca de un joven que llenó una solicitud para un empleo como operador de código morse. En respuesta a un aviso en el periódico, fue a la dirección anunciada. Cuando llegó, entró a una oficina enorme y ruidosa.


En el fondo tableteaba un telégrafo. Un letrero en la ventanilla de la recepcionista daba a los aspirantes instrucciones de llenar un formulario y esperar hasta que los llamaran a la oficina interior.


El joven llenó la solicitud y se sentó con otros siete aspirantes que esperaban. A los pocos minutos el joven se puso de pie, atravesó el salón hacia la puerta de la oficina interior y entró. Por supuesto, los demás aspirantes se levantaron, preguntándose qué estaba ocurriendo, ¿Por qué este hombre había sido tan atrevido? Mascullaron entre sí que aún no habían oído ninguna llamada. Les dio mucha satisfacción suponer que reprenderían al joven por su atrevimiento, y que lo descalificarían inmediatamente para el empleo.


A los pocos minutos el joven salió de la oficina interior escoltado por el entrevistador.


– Caballeros – anunció el entrevistador – , muchas gracias por haber venido, pero el empleo se le ha concedido a este joven.


Los demás aspirantes comenzaron a refunfuñar.


Un momento – dijo uno de ellos – . Hay algo que no comprendo. Él fue el último en llegar, y ni siquiera nos dieron la oportunidad de entrevistarnos. Sin embargo, recibió el empleo. Eso no es justo.


Lo siento – respondió el empleador – pero todo el tiempo que ustedes estuvieron sentados aquí el telégrafo ha estado tableteando el siguiente mensaje en clave morse: “Si usted entiende este mensaje pase a la oficina interior. El empleo es suyo”. Ninguno de ustedes lo escuchó ni lo entendió. Este joven sí. Por lo tanto, el empleo es de él.


Dios utiliza muchos medios para demostrar su cuidado… no solo a través de su Palabra, su Espíritu y el cielo de medianoche. Nuestra obligación es estar alerta a tales señales.


Tomado del libro Ilustraciones perfectas publicado por Unilit. Usado con permiso. Todos los derechos reservados.

  • tweet
siguiente

Paz en el alma

Relacionados

Desde las entrañas (Primera parte)

28 junio, 2013

El Rincón del Predicador: Cinco excusas frente al llamado

21 junio, 2013

En espíritu y en verdad

31 mayo, 2013

Devocional de hoy

  • ¡Qué pregunta!
    Nuestra respuesta acerca de la identidad de Jesús revela mucho acerca de nuestro corazón y del lugar que él ocupa.

lo más leido

El día de Pentecostés y la venida del Espíritu Santo: el nacimiento de la Iglesia, Parte I

El día de Pentecostés y la venida del Espíritu San...

publicado el 15 julio, 2005
Uno más uno: La pareja según el diseño de Dios

Uno más uno: La pareja según el diseño de Dios

publicado el 15 julio, 2005
¡Huye! No seas esclavo de la lascivia

¡Huye! No seas esclavo de la lascivia

publicado el 15 julio, 2010
Consejos para la intimidad matrimonial

Consejos para la intimidad matrimonial

publicado el 15 julio, 2010
El adolescente y su proyecto de vida

El adolescente y su proyecto de vida

publicado el 28 septiembre, 2009

videos mas vistos

Levanta tu cabeza

Levanta tu cabeza

publicado el 13 enero, 2017
Mujer Virtuosa

Mujer Virtuosa

publicado el 13 enero, 2017
Ser santos

Ser santos

publicado el 13 enero, 2017
Prioridades

Prioridades

publicado el 13 enero, 2017
Nuevo año, parte I

Nuevo año, parte I

publicado el 13 enero, 2017

Categorías

Ese hombre es como un árbol
plantado junto a los arroyos:
llegado el momento da su fruto,
y sus hojas no se marchitan.
Salmo 1:3 RVC