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Reflexión

La Doxología

15 julio, 2009796 visitas

Se ha dicho que la «Doxología» ha logrado más para enseñar la doctrina de la Trinidad que todos los libros escritos sobre la teología. Es posible que las cuatro líneas de la «Doxología» hayan sido cantadas con más frecuencia que cualquier otro himno entonado por cristianos durante los últimos 300 años. Incontables veces han entonado:

«A Dios el Padre celestial,
al Hijo nuestro Redentor,
y al eternal Consolador,
unidos todos alabad.»

El autor del texto, Obispo Anglicano Tomás Ken, fue un hombre de fuertes convicciones e intachable rectitud. Nacido en Inglaterra en 1637, estudió en Oxford y fue ordenado en 1662 como ministro oficial de la Iglesia Anglicana. Después de servir como capellán al Obispo de Winchester, fue enviado en 1679 a Holanda donde sirvió como capellán inglés de la Corte Real en La Haya. El Rdo. Ken fue tan franco denunciando abiertamente la corrupción en la vida de los funcionarios públicos holandeses que debió volver a su país después de sólo un año.
Al regresar a Inglaterra, el rey Carlos II lo nombró como uno de sus capellanes. Ken siguió demostrando esa misma valiente franqueza que lo había caracterizado en Holanda al denunciar los pecados contra la moral y la disolución de su monarca inglés. A pesar de esas llamadas de atención, el rey siempre admiraba la sinceridad de su capellán. Le llamaba «ese buen hombrecito», y a la hora del culto decía: «debo ir para escuchar cuáles son mis fallas». Por fin el rey lo premió en cierta forma nombrándolo Obispo de Bath y Wells.
A sólo 12 días de posesionarse de su nuevo obispado, murió su «amigo» Carlos II. Poco después incurrió la ira del nuevo monarca, el católico Jaime II, al negarse a leer públicamente la «Declaración Real de Indulgencia» y fue encarcelado con seis ministros más en la Torre de Londres. Si bien resultó absuelto en esa ocasión, en 1961 fue destituido del obispado por el próximo soberano Guillermo III.
Lord Tomás Macaulay, el gran historiador y político inglés del siglo pasado decía que Tomás Ken llegó a personificar tan de cerca (como le es posible al ser humano) lo que debe ser la perfección cristiana.

Apuntes Pastorales © Volumen XIV, número 4 – 1997, todos los derechos reservados

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