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Mujer

La mujer cristiana: un acto de bondad

15 julio, 2005497 visitas

Mi hija y yo decidimos hacer algunas muñecas de trapo, así que fuimos a la tienda a comprar algo de estambre de vivos colores para el pelo de las muñecas. Al principio no pusimos mucha atención a una anciana que cuidadosamente buscaba entre los paquetes de estambre hasta que sostuvo en alto una madeja y nos preguntó “¿esta madeja es color malva?”



Le contesté que probablemente se consideraría de ese color. Podía haberlo dejado ahí y seguir buscando mi propio estambre, pero algo respecto a la señora me hizo preguntarme si estaba verificando para estar segura de que llevaba el mismo número de lote del color.



Ojos que no buscan el mismo número



Si ustedes han trabajado con estambre, saben que pueden pensar que están escogiendo los colores correctamente, pero que si las madejas provienen de diferentes teñidos al momento de ser elaboradas, los colores varían lo suficiente para tener una desagradable sorpresa una vez que se ha terminado el proyecto.



La señora no sabía nada respecto a números de lote, de modo que le ayudé a encontrarlos en los paquetes. Nos aseguramos que todos los lotes de teñido fueran los mismos de modo que los colores fueran idénticos.



Dándome las gracias por haberle ayudado comenzó a salir, pero regresó brevemente para preguntarme, disculpándose si sabía donde podrían estar las tijeras. La envié al final del pasillo donde estaba el exhibidor de tijeras.



Cuando mi hija y yo estábamos por salir, regresó la mujer. Mi sencillo acto la había impresionado tanto que tenía qué regresar y agradecerme profusamente mi bondad. Resultó que venía de un hogar para personas ancianas y había venido a comprar estambre para una amiga que acababa de sufrir una intervención quirúrgica en donde le habían colocado un marcapasos.



Reflexioné sobre lo triste que es que mi simple acto de cortesía fuese tan fuera de lo común que la señora sintiera que merecía tal gratitud y luego consideré con qué frecuencia había yo demostrado amistad hacia personas extrañas, y tuve qué admitir que no habían sido muchas.



Demasiados de nosotros vivimos en un mundo en el cual no nos comunicamos con los que no conocemos. Nos cruzamos en las tiendas y no hacemos contacto visual.



Este mundo enfermo de pecado nos ha hecho desconfiar de los extraños, aunque Dios nos ha dado instrucciones de darnos a nosotros mismos. “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas…” dijo Jesucristo (Mateo 12:35).



Seguir el ejemplo de Jesús es tener un modo de vida para nosotros. “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras…” escribió el apóstol Pablo (Efesios 2:10). “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos si no desmayamos ” (Gálatas 6:9).



Sabemos que Dios no desea que nos pongamos en una situación peligrosa, pero siempre que haya oportunidad de realizar un acto de bondad deberíamos responder ante ello. “Así que según tengamos oportunidad hagamos bien a todos….” (Gálatas 6:10).



Evitar aislarnos



La mayoría de nosotros no tenemos tiempo para involucrarnos en muchos proyectos de servicio público. Pero, con lo que aprendí ese día, podemos hacer mucho con sólo una palabra amistosa o un pequeño acto de servicio.



La mayoría de la gente todavía pasa en la tienda sin siquiera ver mi dirección. Se han cerrado en un mundo protector de aislamiento. Pero cuando se presenta la oportunidad, y veo una necesidad, siento mi responsabilidad cristiana de hacer algo.



Puede haber alguien como la anciana, que esté buscando una sonrisa y un poco de atención: alguien que pueda enriquecer mi día mucho más de lo que yo se los haya enriquecido.



Como lo dijo Jesús, en Hechos 20:35, es mayor bendición dar que recibir.



Aprendí ese día que podemos hacer mucho con solo una palabra amistosa o un pequeño acto de servicio.

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Paz en el alma

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