Las bases para el espíritu de equipo
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El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. (Mt. 10:40-42)
Comprenda
En el capítulo 10 de Mateo Jesús envía a sus discípulos a diversos pueblos para ministrar y les da órdenes para el camino. Jesús sabía que el trabajo de ellos no siempre sería agradable. Aunque muchos le darían la bienvenida a su ministerio, muchos otros rechazarían a los discípulos, negándoles alojamiento, rechazando el mensaje de Jesús y la oración. Jesús sintetiza sus instrucciones hablando de la bendición que recibirían aquellas personas que le dieran la bienvenida a los discípulos por lo que eran: genuinos siervos de Dios. En resumen, aquellos que le dieran la bienvenida a un siervo de Dios, de alguna manera también participarían de la recompensa de ese siervo.
El principio aún se aplica hoy. Jesús todavía envía obreros, y surge la pregunta: ¿Cómo les respondemos a los enviados? ¿Trabajamos bien con otras personas que verdaderamente sirven a Dios?
En la iglesia, el trabajo en equipo no se desarrolla meramente porque los líderes y los obreros tiene mucho en común. El espíritu de equipo se da porque, por amor a Dios, elegimos deliberadamente darle la bienvenida a los ministerios de otros que son guiados por Cristo. No rechazamos el ministerio de alguien sólo porque no congeniamos con esa persona.
Esto se aplica a cómo las personas tratan a su pastor y cómo los líderes de la iglesia se tratan unos a otros (y aquellos que no tiene cargos oficiales pero que claramente tienen dones y llamados de Dios). Dar la bienvenida y alentarnos unos a otros es recibir la obra de Dios.
La actitud que forma el trabajo en equipo es: “Si Dios nos ha dado a alguien como un regalo para esta iglesia, entonces apoyaré a esa persona en su ministerio”.
El punto sorprendente de las palabras de Jesús: la manera cómo tratamos a otros creyentes, especialmente a los líderes y a aquellos profundamente devotos, refleja cómo nos sentimos acerca de Dios.
La promesa inspiradora: de alguna manera participamos de las recompensas de aquellos a quienes recibimos, porque lo hacemos por amor al Señor. Si recibimos a un pastor, a un diácono o a algún otro “santo”, de alguna manera sus recompensas salpican nuestras vidas. ¡Eso es una gran motivación para seguir adelante!
Comente
¿Cómo se pueden tratar exitosamente los desacuerdos sin rechazar a un líder llamado por Dios?
En términos prácticos, ¿qué significa “recibir” a otra persona o líder? ¿Qué es lo que no significa?
¿Cómo podemos apoyar a otros en el equipo de la iglesia?


