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Predicación

Los principios básicos de la oración: el perdón (tercera parte)

15 julio, 2005356 visitas


Punto 2. (6.15) La advertencia: si no perdonas a otros, no serás perdonado. El creyente que ora por perdón y guarda sentimientos en contra de otra persona es un hipócrita. Le pide a Dios hacer algo que él no está dispuesto hacer. Le pide a Dios que perdone sus ofensas cuando él mismo no está dispuesto a perdonar las ofensas de otros. Una persona no está siendo honesta con Dios cuando guarda malos sentimientos en contra de alguien.




  1. Una persona no conoce la verdadera naturaleza del hombre ni la de Dios cuando guarda malos sentimientos. No conoce la verdadera perfección de Dios ni tampoco la verdadera profundidad de la naturaleza pecaminosa del hombre —cuán lejos está el hombre de la justicia perfecta.


  2. Los malos sentimientos muestran que una persona camina y vive en su propia justicia (es decir, él o ella piensa que es agradable ante Dios porque es justificado por obras). Esta persona se siente mejor que los demás y cree que está en la posición de hablar y mirar con desdén los pecados de los demás.


  3. Los malos sentimientos reflejan que una persona no sigue los pasos que debe seguir para que sus propios pecados sean perdonados (Lea los Estudios #1 y #2 basados en Mateo 6.14–15).


  4. Una persona vive por las normas de la sociedad y no por las normas de la Palabra de Dios cuando guarda malos sentimientos. La Palabra de Dios es clara: «No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (Ro 3.12). Por tanto, debemos ayudar y amarnos los unos a los otros. Debemos cuidar y restaurarnos los unos a los otros cuando pecamos, caemos, resbalamos y nos desviamos.

Lea Romanos 3.10, 3.23; Efesios 4.31–32; Gálatas 6.1–3



En el siguiente versículo, Cristo explica claramente lo que significa perdonar a otros.


«Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.» Lucas 6.36–37



Se puede percibir la severidad de esta advertencia al leer una porción del versículo anterior: «No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados» (Lc 6.36–37).



Fíjese en tres lecciones importantes referentes a este asunto:




  1. El hombre que guarda malos sentimientos en contra de otros no ha mirado su propia persona y sus propios pecados. No se conoce a sí mismo; no conoce su ser real; no conoce su egoísmo interno ni los motivos que caracterizan a la corrupción del hombre.


  2. El guardar sentimientos en contra de otros provoca un disturbo interno. Estos carcomen, en distintos niveles, la mente y emociones de una persona. Los sentimientos profundos en contra de otros pueden causar problemas emocionales, mentales y hasta físicos.


  3. Dios escucha nuestras oraciones de perdón cuando hacemos tres cosas: levantar manos santas hacia el cielo, presentarse sin ira y no mantener contiendas.

«Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.» 1 Timoteo 2.8



La respuesta para obtener paz la encontramos en Jesucristo. «Porque él es nuestra paz» (Ef 2.14a). Él es la única paz posible entre dos personas.




  1. Él nos puede hacer uno (Ef 2.14b).


  2. Él puede derribar cualquier barrera que nos separe (Ef 2.14c).


  3. Él puede abolir en su carne las enemistades (Ef 2.15a).


  4. Él puede crear de los dos un solo y nuevo hombre (Ef 2.15c).


  5. Él puede reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la cruz (Ef 2.16).


  6. Él puede darnos paz a ambos (Ef 2.17).


  7. Él puede darnos entrada a ambos hasta Dios Padre (Ef 2.18).


Usado con permiso,


COPYRIGHT © 1991

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