¿Maduro o inmaduro?
Formando líderes espirituales, Parte IV La crisis más seria que está padeciendo actualmente el pueblo cristiano es la que llamamos «crisis de desarrollo». Esta crisis delata que la mayoría de los miembros de nuestras iglesias son inmaduros, no han crecido lo suficiente. Tienen una cierta edad cronológica como creyentes, pero la vida psicológica y la espiritual no se ha desarrollado al mismo nivel. El proceso de crecimiento y madurez es difícil. Uno ve cómo crece el cuerpo en forma automática y a cada edad se espera una determinada estatura o porte físico. «Pero el DESARROLLO emocional y espiritual no ocurre paralelamente, es decir, en forma AUTOMÁTICA». Una comparación entre el maduro y el inmaduro: En nosotros, los pastores y líderes del pueblo de Dios, está la respuesta para: Para reflexión y discusión: 1. Defina lo que es crisis de desarrollo. 2. ¿Cómo se determina si su grupo de jóvenes e iglesia están sufriendo la «crisis de desarrollo»? 3. ¿Qué aspectos de madurez están ausentes en usted? ¿Qué recursos usarán como equipo par ayudarse a madurar mutuamente? Le invitamos a consultar los otros artículos de esta serie:
El inmaduro, siempre necesita que se le esté dando (He 5.12).
El inmaduro siempre está tomando leche [los rudimentos básicos] (He 5.1115; 6.1; 1 Co 3.23).
El inmaduro, nunca está seguro, siempre está preguntando: «¿Debo hacer esto?».
El inmaduro es llevado por las olas de doctrinas y enseñanzas diversas. Siempre está confundido.
El inmaduro es un ser auto-centrado, siempre pensando en sí mismo.
El inmaduro siempre está esperando recibir amor, comprensión, servicio y compasión.
El inmaduro tiene una permanente falta de dirección.
El inmaduro siempre está girando alrededor de un círculo vicioso de pecaminosidad y hábitos que no abandonan. La frase: «Otra vez Señor», nos es común a muchos, pasa el tiempo y no se es capaz de vencer las fallas y debilidades.
El inmaduro no tiene convicciones personales muy importantes, es cambiante, «hoy está y mañana no». Varía constantemente según «el estado de sus emociones» pues no tiene una plataforma sólida.
El inmaduro es irresponsable. Es inconstante permanentemente (Stg 1.8).
El inmaduro busca satisfacer sus deseos, sin importarle a quien arruine a su paso.
El inmaduro no entiende, mayormente, ni le interesa el concepto de funcionar como cuerpo.
El inmaduro no crece, vive una vida de carnalidad. Entre su vida interna real y la vida de los que no conocen al Señor, no hay mucha diferencia. Lee un «versiculito» o «un salmito», cuando tiene tiempo. Vea la descripción de Pablo en 1 Corintios 3.3 «¿no sois carnales, y andáis como hombres?».
El inmaduro no influye en nadie, y si tiene alguna influencia, esta es negativa. Es un ejemplo de cómo no debe vivir un cristiano.
El inmaduro no puede formar ni discipular a otros, porque su vida no es ejemplo.

