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Liderazgo

Margen

22 junio, 20121254 visitas

Hace unos años alguien me regaló un libro de un médico, Ricardo Swenson, con un intrigante título, Margen. El concepto que explora el autor es muy sencillo: el margen no es más que ese espacio que nos separa a nosotros de nuestros límites.

 

El margen de una hoja impresa, por ejemplo, separa las palabras del borde de la página. El hecho de que esté en blanco podría inducir al error de creer que no cumple ninguna función. No obstante, si alguna vez ha observado una página impresa sin márgenes se habrá percatado del caos que comunica. Le falta lo que, en diseño, se suele llamar «oxígeno». El aporte del margen es vital para el orden y la prolijidad; ambos facilitan en gran medida el ejercicio de la lectura.

 

Las condiciones de la vida moderna, señala Swenson, se devoran el margen que nos separa del caos. Vivir sin margen es llegar con una hora de atraso a la cita con el médico, por haber experimentado una demora de treinta minutos en dejar a los niños en la escuela, por el carro que se quedó sin combustible a dos cuadras de la gasolinera y por haber olvidado la billetera en casa.

 

Vivir con margen es seguir con aliento después de haber subido tres pisos por la escalera. Es contar con algo de dinero antes de que termine el mes. Es disponer del tiempo para encontrarse con amigos para disfrutar de una sabrosa comida.

 

Vivir sin margen es llevar una carga que resulta en extremo pesada para nosotros. Vivir con margen es contar con un amigo que nos ayude a llevar esa carga.

 

Vivir sin margen es no guardar tiempo para leer un libro acerca de cómo manejar las presiones de la vida. Vivir con margen es poder leerlo dos veces

 

Vivir sin margen es sentirse siempre cansado. Vivir con margen es disponer cada día de la energía requerida para encarar los proyectos que Dios confía en nuestras manos.

 

Vivir sin margen es sentir que la gente no es más que un fastidio, una molesta distracción de las metas que nos hemos propuesto. Vivir con margen es recordar que las relaciones le dan sabor a la vida, que fuimos creados para amar y ser amados.

 

El ministerio muchas veces termina consumiendo los márgenes necesarios para vivir la vida abundante que se nos promete. Acabamos ansiosos, nerviosos, tensos, cansados y frustrados. No nos percatamos del hecho de que este estilo de vida es lo que más entorpece nuestro esfuerzo por ayudar a otros a entrar en el río de la plenitud de Dios. Ellos perciben que lo nuestro es más una doctrina que un estilo de vida.

 

Si sus márgenes han desaparecido, este es un buen momento para que se detenga. Esta forma de vida no es, como a veces pensamos, inevitable. Con algunas decisiones clave usted conseguirá recuperar el margen que necesita para una vida más plena. Del orden y del descanso que resultan fluirá un ministerio más efectivo. No se prive, ni prive a los demás, de esa preciosa bendición.

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