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Reflexión

Muchísimo más que un símbolo

15 julio, 2012972 visitas

Por supuesto, la centralidad teológica de la cruz se ve en la estructura de los Evangelios, que han sido bien descriptos como “narraciones de la Pasión con prólogos extensos”. En cada uno la muerte y resurrección de Jesús ocupan una cantidad desproporcionada de espacio. Todo se acomoda, para llegar al climax de la cruz. Y Pablo puede resumir el mensaje cristiano en las palabras tales como “predicamos al Cristo crucificado” (Co. 1.23).

Sin embargo, hoy se escucha del cristianismo debe ser buscada más bien en el Sermón del Monte, en la édica de Jesús, en la idea de la liberación o en cosas de este tipo. Y ciertamente, el cristianismo es una religión profunda y su enseñanza tiene muchas aspectos, pero vamos a ser fieles al Nuevo Testamento, debemos mantener la cruz en el centro.

PECADORES Y EL AMOR DE DIOS

Lógicamente, debemos empezar con la realidad del pecado. Los habitantes de la Era espacial a menudo ven los sinsabores humanos como debidos a la falta de educación, la poca fortuna o algún otro recurso adverso, pero la Biblia dice que es debido al pecado (Is. 59.2). Mirar nuestro mundo moderno, con sus guerras, delitos, violencia y políticas que permiten el hambre en masa en muchos países y la cultura de la droga en otros, es contemplar una demostración clásica dela verdad bíblica en este sentido.

Y para el punto de vista cristiano, el pecado tiene aun más serias consecuencias que el desorden terrenal. La Biblia habla a menudo de “la ira de Dios” (Ro. 1.18) y no deberíamos olvidar que Jesús a menudo advirtió acerca del infierno (Mr. 9.43,45,47; Lc. 12.5); el juicio es una realidad presente (Jn. 3.19) así como una certeza futura (Ro. 2.12). La Biblia dice que somos gente responsable y que a su tiempo deberemos dar cuenta de nosotros mismos a Dios (Ro. 14.12); no podemos echar en el olvido el mal que hacemos como simplemente el resultado de la forma en que estamos hechos, como nuestro destino antes que nuestra falta. Somos culpables cuando estamos ante Dios.

LO QUE SIGNIFICA EL AMOR DE DIOS

Asimismo, la Biblia insiste en revelar el hecho sorprendente de que, aun frente a nuestro pecado, Dios continúa amándonos. Sigue haciéndolo porque él es amor (1 Jn.4.8,16);el amar forma parte de su natura. Y en amor produce la salvación de los pecadores (Jn. 3.16; Ro. 5.8). Deberíamos ser claros sobre ésto. A veces la gente ve al Padre como un juez severo, que condena a los pecadores al infierno y dentro de este cuadro entra un Hijo amoroso que interviene para salvarlos. Pero este cuadro está distorsionado; cualquiera visión de la expiación que no sea vista como viniendo del amor del Padre está equivocada.

Tampoco es bíblico ver el perdón del Padre como operando fuera de la cruz. Los sentimentalistas modernos suelen ver al Padre como una persona amable que no toma en serio al pecado. “El va a perdonar, eso es lo que significa el amor?’, es el pensamiento de ellos. Pero esto es pasar por alto la fuerte demanda moral que corre por toda la Escritura. El Dios que demanda rectitud de su gente es El mismo recto. No perdona el pecado en una forma que pudiera dar a entender que el pecado no importa, sino que lo hace por medio de la cruz, y por medio de nada menos que la cruz.

Eso, por supuesto, involucra la Encarnación. La salvación depende de lo que Dios ha hecho en Cristo, el Dios encarnado. El escritora los Hebreos insiste en que Jesús fue hecho menor que los ángeles para que pudiera sufrir la muerte por cada uno de nosotros (He. 2.9) y sigue enfatizando la importancia de que Cristo “era uno” con aquellos por quienes murió (He. 2.11-15). El tomó naturaleza humana y no de ángel (y. 16), pero, por supuesto, la cabeza divina de Cristo estaba comprometida también, como vemos en la forma en que Pablo entrelaza los pensamientos de Dios y la humanidad (Flp. 2.5-11; Col. 1.19-20).

Nuestra salvación se debe nada menos que a Dios; nunca debemos olvidar eso; y es debido al hecho de que el Hijo de Dios se hizo genuinamente hombre. Tampoco debemos olvidar esto otro. Solamente teniendo ambas verdades podremos certeramente entender la tarea de la Cruz.

TEORIAS DE LA EXPIACION

Sea lo que diga el predicamento humano en cualquiera de sus formas, fue en la cruz donde los escritores del Nuevo Testamento vieron el rescate para la liberación. Ahora bien, el Nuevo Testamento nunca nos dice precisamente cómo la Cruz lo logra, pero no hay dudas de que lo hace. Consecuentemente, la iglesia a través de los siglos no se ha puesto muy de acuerdo sobre el asunto. Esto no significa que cualquier forma de mirar a la cruz sea aceptable: algunas son tan defectuosas que conducen a un cristianismo empobrecido y aun pervertido. Es importante no sólo que veamos la cruz como central, sino que entendamos en qué forma lo es.

Las teorías históricas sobre la manera en que la cruz salva tienden a agruparse bajo tres corrientes: quienes la ven como victoria, quienes ven su efecto sobre nosotros como “la cosa importante” (la visión subjetiva de la expiación), y aquellos que, en algún sentido, la ven como, una satisfacción para el pecado.

La primera idea fue entendida en los primeros siglos como un “rescate pagado a Satanás”. Los pecadores legalmente pertenecían al malvado, y en la cruz Dios le entregó a su Hijo como un rescate para los pecadores en el infierno. Satanás estuvo contento de aceptarlo, pero en Pascuas descubrió que no podía retenerlo, quien rompió los lazos del infierno y se elevó triunfante. Los llamados Padres (líderes cristianos que siguieron a los apóstoles) a veces usaban imágenes grotescas a medida que trataban de expresar esta verdad. Al poco tiempo su teoría cayó en desuso. Pero hay una verdad profunda aquí. Cristo sí ganó la victoria, y el triunfo de la Resurrección es una parte importante de nuestro entendimiento de la salvación.

Que la cruz hace algo para nosotros (expiación subjetiva) también es importante. Este entendimiento a menudo acentúa el ejemplo de Cristo. Nos muestra cómo deberíamos vivir y cómo deberíamos aceptar el sufrimiento, inclusive el injustamente infligido. También puede decirse que de esa manera vemos lo que el pecado le hizo al Hijo sin mancha de Dios. Esto nos mueve a arrepentimos y desviarnos de la clase de cosas que colocaron a Cristo en esa posición. También podemos expresarlo en términos de amor en la cruz vemos cuán grande es el amor de Dios, lo que nos mueve a amarlo en respuesta.

No hay seria disputa sobre la victoria de la cruz o su efecto subjetivo; ambas teorías son significativas. Pero el Nuevo Testamento dice que es más que eso; dice que es, de alguna manera, una satisfacción por el pecado.

LA “JUSTICIA” DE LA SALVACION

El concepto de satisfacción de la expiación fue formulado por primera vez como una teoría coherente en la Edad Media por Anselmo. El veía al pecado como un insulto al honor de Dios. Anselmo hizo una distinción entre el insulto a una persona en particular, a alguien en privado (que puede estar lista a perdonar lo que ha sufrido) y el producido ante una persona pública (la que debe considerar la integridad de su oficio, en relación a su rol público).

Un rey, en su capacidad privada, puede de estar listo a dejar pasar una ofensa de un hijo, un amigo o un pariente, pero cuando esa ofensa ha sido hecha a él como rey, debido a que el estado ha sido ofendido y no sólo la persona debe haber una satisfacción, un resarcimiento, una indemnización. Dios es soberano sobre todas las cosas y cuando su majestad es insultada por nuestro pecado debe haberse una satisfacción apropiada. Anselmo continuó debatiendo que el daño hecho era tan grande que nadie sino Dios podría hacer una satisfacción. Sin embargo, ya que la ofensa había sido cometida por el hombre, nadie sino el propio hombre podría hacer una satisfacción. Anselmo concluyó, entonces, que en necesario que Dios se hiciese hombre si se iba a alcanzar la salvación.

Los reformadores tomaron la misma posición, excepto en que se mantuvieron más cerca de la Escrituras y hablaron de la “ley quebrada” en lugar del “honor ofendido”. El quebrantamiento de la ley (que en concepto es lo mismo que el anselmismo) significaba una pena mayor y Cristo la cargó en nuestro lugar.

En este sentido, a menudo nos dicen que es la ley y no el amor lo que determina el tratamiento de Dios para con sus criaturas. Pero esto son simplemente pensamientos incompletos. En realidad, el amor y la ley van juntos. Deberíamos también tener cuidado de no confundir amor con sentimentalismo. Hay mucho más de lo último en el mundo y en la iglesia modernos. El amor genuino está preocupado por dar lo mejor para los amados, y no para su satisfacción inmediata y temporaria. Si Cristo hubiese actuado por sentimentalismo, es decir, por “amor moderno”, no hubiese causado de derrota que experimentaron los suyos en la última semana previa a la resurrección. Algunas veces será necesario tomar el difícil camino de insistir sobre la disciplina dura.

EN LUGAR DE

Lo que los escritores del Nuevo Testamento están diciendo es que Dios nos salva en una forma que es justa y poderosa al mismo tiempo. Dios, por así decirlo, no extiende su mano y dice, “La ley moral no tiene importancia. El pecado no importa. Amo a la gente y por lo tanto sus pecados no necesitan ser tomados en cuenta”.

La cruz es evidencia de que, porel contrario, Dios insistió en que había que tratar con los pecados. Cristo murió para acabar con ellos. Podemos o no ver precisamente cómo la muerte de Cristo detuvo a la ley condenatorio de Dios al tratar con nuestros pecados, pero eso no nos da licencia para ignorar la verdadera importancia que el Nuevo Testamento da a las categorías legales en la descripción de nuestra salvación. La justificación es una categoría importante, y su fuerza legal no debería ser pasada por alto.

Que Cristo, en alguna medida, se puso en nuestro lugar y fue nuestro sustituto cuando murió está claro en muchos lugares de la Escritura. Aparece temprano cuando Jesús acepta el bautismo de Juan, un bautismo que lo contó con los pecadores (Mt. 3.15) y que señala la muerte que iba a padecer por ellos. La mayoría de los comentaristas están de acuerdo en que los evangelios ven a Jesús como el siervo sufriente de Isaías 53, uno que sufre en el lugar de otros.

El mismo dijo que sería “un rescate por muchos” (Mr. 10.45), significando en el lugar de ; es una palabra susbstitucionaria. “Mi Dios, mi Dios, ¿por qué me has desamparado”, dijo Jesús? (Mr. 15.34). No fue sólo la muerte en sí misma el problema sino la clase de muerte que sufriría, abandonado por el Padre, tomando el lugar de los pecadores.

Juan registró para nosotros las cínicas palabras de Caifás, de que un hombre debería morir por la gente (Jn. 11.50), y ve estas palabras como una profecía genuina, de que Jesús “moriría no solamente por la nación , sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos”(Juan 11.52).

Pablo habla de Jesús como que fue hecho “una maldición” para nosotros (Gá. 3.13) y nos dice que al que no conoció pecado, Dios, por nosotros, lo hizo pecado (2 Co. 5.21). Dice que si uno murió por todos, luego todos murieron (2Co.5. 14).

NINGUNA OTRA FORMA

¿Fue la cruz necesaria? ¿No había otra forma de salvación? A menudo somos acusados por ser una “religión sangrienta”, que pone al asesinato de su líder y fundador como el centro de sus creencias. Los pensadores más profundos de la humanidad siempre han pensado que el perdón real es posible solamente cuando se le paga la debida consideración a la ley moral. Perdonar significa “pagar por el otro”. C.A. Dinsmore examinó tales diversos escritos de Homero, Esquilo, Sófocles, Dante, Shakespeare, Milton, George Eliot, Hawthome y Tennyson y llegó a la conclusión de que “Es un axioma en la vida y en el pensamiento religioso el pensamiento de que no hay reconciliación sin satisfacción”.

¿No deberíamos ver esto como algo que Dios ha implantado en profundidad en el corazón humano? Confrontados con un crimen repulsivo, aun más despreocupados de nosotros diríamos: “Eso merece ser castigado!”. La pena por el pecado es universal. Si un niño del vecindario rompe con su pelota un vidrio de nuestra casa y decidimos perdonarlo, estamos diciendo: “Está bien. Te perdono. El vidrio lo pagaré yo mismo”. Si alguien nos ofende y nos pide perdón, estamos diciendo: “Yo asumiré la ofensa; no la demandaré de ti en el futuro en ninguna forma”.

Si bien los escritores del Nuevo Testamento no dicen ésto en la misma forma, enfatizan sí la ley moral e insisten en que Cristo ha traído la salvación de acuerdo a lo que es justo. Cristo estuvo en nuestro lugar y soportó lo que nosotros deberíamos haber soportado. Hay otras formas de ver la salvación, como hemos dicho, ero nunca debemos pasar por alto que los pecadores han roto la ley de Dios.

El testimonio del Nuevo Testamento s que Cristo nos salva tomando en cuenta la ley. “Es necesario”, repite.

LOS EFECTOS

El Nuevo Testamento sólo tiene sentido cuando entendemos el significado del madero. Y para ver cuán completamente difunde en el Nuevo Testamento, consideremos varias palabras usadas por sus escritores para comunicarlo.

  • Redención
    Originalmente, la redención se refería a la liberación de prisioneros de guerra. Se pagaba un rescate y los prisioneros quedaban en libertad. También se usaba para describir la liberación de esclavos (por pago de un precio). Entre los judíos se aplicaba también como liberación de una sentencia de muerte (otra vez pagando un precio, como en Ex.21.28-30). Los pecadores son esclavos del pecado (Jn. 8.34); están bajo sentencia de muerte (Ro. 6.23). Esta forma de mirar hacia la cruz es como el pago del precio que nos trae libertad. Nos dice que hubo un costo para la salvación y que ahora estamos libres, con la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
  • Propiciación
    Esta palabra significa “volverse del enojo”, generalmente ofreciendo un regalo al ofendido. La Biblia es muy clara en el hecho de que la ira de Dios es ejercida hacia todo lo malo (Sal. 7.11; Col. 3.6); los pecadores enfrentan un futuro miserable. En estos días, a la gente no le gusta la idea de la ira de Dios, y la mayoría de las traducciones modernas tienen términos más leves, tales como expiación o sacrificio de enmienda. Pero este no es el significado del griego original. La versión Reina Valera, la Biblia de las Américas, la de Jerusalén y otras usan el correcto término de propiciación (Ro. 3.25; 1Jn. 2.2; 4.10). Cualquiera sea la traducción que usemos, debemos salvaguardar la verdad de que la ira terrible de Dios, que es ejercida hacia todo lo malo, ya no es más ejercida sobre quienes permanecen en Cristo, porque El nos ha hecho propicios ante la justicia divina.
  • Reconciliación
    Es una palabra familiar para arreglar relaciones después de una pelea. Quienes disfrutaban de cierto “concilio” y se pelearon, al restaurar el entendimiento están en reconciliación. Esto se hace sacando la causa de la pelea. A menos que ésto ocurra, puede haber una tregua o suspensión temporal de hostilidades, pero no puede haber verdadera reconciliación. En las hostilidades entre Dios y los pecadores (Ro. 5.10), la causa de raíz, el pecado, fue quitado por la muerte de Cristo, y así el camino estuvo libre para la restauración. Muy parecida es la expresión de”hacer las paces” (Ef. 2.15). Ciertamente, tan comprometido está Jesucristo en el proceso que bien puede decirse que “El es nuestra paz” (Ef. 2.14).
  • Pacto
    Una palabra que importaba muchísimo a los judíos del primer siglo era esta, porque se veían a sí mismos como el único pueblo comprometido con Dios. Hay muchos pactos en el Antiguo Testamento, incluyendo aquellos que Dios hizo con Abraham (Gé. 17.1-2, 9-14) y con la gente de Israel (Ex. 24.1-8). Desgraciadamente, la gente rompió persistentemente los pactos con sus pecados. A través del profeta Jeremías, Dios prometió un nuevo pacto. El nuevo pacto sería interior (porque Dios escribiría su ley en sus corazones) y descansaría sobre la base del perdón divino (Je. 31.31-34). Cuando Jesús habló de su sangre como que inauguraba el nuevo pacto (Lc. 22.20), estaba diciendo, en efecto, que una nueva forma de acercarse a Dios sería abierta por su muerte. Estaba diciendo que la iglesia, no el Israel físico, era el verdadero pueblo del pacto de Dios.
  • Justificación
    La justificación era un concepto legal. Significa que, en el arreglo de disputas legales, los jueces debían “justificar” aquellos que estaban dentro del derecho y “condenar a los culpables” (Dt 25.1); declarar “justo” a uno y culpable al otro. Pablo hace un uso extenso de esta imagen. El ve a los pecadores como enfrentando la condenación cuando están delante de Dios. Pero también ve a Dios tomando acción en la persona de su Hijo, con lo cual todos los reclamos legales sobre aquellos pecadores que están en Cristo se encuentran completamente satisfechos en su muerte. No hay más reclamos. Pueden irse libres; los declaro justos”. El Juez Final, verdadero magistrado de última instancia o Corte Suprema, está declarándonos ‘justos”, está diciendo que somos “justos”, y es la misma autoridad que dijo “¡Sea la luz! y “¡Yo soy el que soy!”.

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