El pentecostés, en lugar de ser tratado como un controversial campo de batalla, debe ser analizado con discernimiento.
«Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz», dice Santiago.
Jesús mismo ministró a sus discípulos para así prepararlos para el dramático día de Pentecostés.
Esta amistad ejemplifica perfectamente la necesidad de una comunión permanente.
Un buen ejemplo es que la madurez está ligada a nuestro entendimiento de Cristo.
Para el creyente, la resurrección de Jesucristo de entre los muertos es la base de la seguridad para el futuro.




