¿No lo ven colgado en una cruz, condenado por nosotros porque no quiere condenarnos? Levantado bien alto, para que todos podamos verlo, para que todos podamos ver en él al Hijo de Dios, al Dios condenado por nosotros, para que nosotros podamos vivir. Sin condenar, sin ser condenados.
¿Por qué Jesús rechazó el vino en la cruz? Cuando uno vive un dolor con la mente puesta en Dios, el dolor no lo vuelve un desdichado, sino un consagrado.
A la luz de la cruz y de la resurrección de Jesús se descubre una «nueva justicia», una nueva manera de valorar la vida, una nueva manera de tener una «relación justa» con Dios, pero también con los demás, con las cosas creadas y con nosotros mismos.
El modelo de Pablo en la formación de sus discípulos nos lleva a pensar que el discipulado es, sobre todo, un proceso imitativo.
Lucas, en su relato del libro de los Hechos, muestra con claridad que las mujeres tuvieron una importante participación en la extensión del Reino en el curso de la iglesia primitiva.
La gente sigue clamando por modelos verdaderos y coherentes, por vidas que valgan la pena vivirse. La autora nos reta a responder con nuestro carácter a estos tiempos posmodernos.




