En la iglesia, el amor es una exigencia que madura, y las imperfecciones son el reto que afirma la confianza en la gracia del Señor. En ella, el crecimiento sucede a pesar de y gracias a la imperfección de sus miembros.
El proceso educativo efectivo se mide por el impacto que logra sobre la vida de los estudiantes, y ellos solamente son formados cuando participan activamente en los momentos de enseñanza.
Resulta fácil confundir el caminar con Dios con el trabajar para Dios. El líder que lee la Biblia buscando material y que ora por otros en su trabajo puede fácilmente pensar que esos momentos resultan adecuados y suficientes para cuidar su salud espiritual personal. Pero, está equivocado...
En esa vida de continua renovación en el Espíritu, el estudio siempre fresco y creativo de la palabra de Dios debe ser la fuerza renovadora de nuestra vida espiritual y nuestro ministerio.
La propuesta de Pablo es «formación en la acción». Porque el discipulado no es un proceso retórico a la manera de la escuela clásica griega, el discipulado es un proceso de vida que se aprende en medio de la acción de servir a Cristo.
Podemos afirmar que tanto el activismo excesivo como el ocio desmedido son altamente perjudiciales para la vida de aquellos que desean caminar fielmente con Cristo.




