El llamado a servir en algún ministerio en la casa del Señor es, primeramente, un llamado a apartarse de todo aquello que se toma por normal y aceptable en el mundo.
El único requisito para alcanzar el éxito en los proyectos del Señor es confiar en él.
La sinceridad, el ser honesto es una cualidad que es fruto del Espíritu Santo, que simplemente describe a una persona que con convicción cree en lo que dice y lo siente.
No pretenda llenar todas las necesidades emocionales o materiales de la otra persona. Usted puede ser un apoyo invaluable para su familiar o amigo pero no el ser omnipotente que va a resolverle el dolor y la pena.
La esperanza es que la disciplina sacuda a la persona de tal manera que cambie de actitud. La disciplina no es castigo, sino el último paso de un proceso diseñado para salvar al hermano en error.
Seamos sinceros: mucha propaganda evangélica es engañosa. Ante la abrumadora cantidad de predicaciones que se dispersan del significado bíblico de la felicidad, el autor nos ofrece con sencillez, pero sin dejar de ser profundo, una breve exposición de las Bienaventuranzas presentadas por Jesús en el Sermón del Monte.




